Sabemos que viajar por su propio país le hará sentirse como si no hubiera salido de casa, pero entre viaje y viaje al extranjero siempre puede entrenarse acudiendo a diversos eventos de carácter “cultural” para ir adquiriendo puntos de experiencia extra muy valiosos, que podrá poner en práctica en futuras incursiones allende los mares. Sobretodo si acude al Festival del Mundo Celta en Ortigueira (http://www.festivaldeortigueira.com/) y se atreve a acampar en el pinar que lo rodea la playa de Morouzos, algo de lo más extremo.
Hacía años que queríamos asistir al Festival de Ortigueira, aunque siempre nos habíamos enterado de las fechas cuando ya teníamos otros planes, así que decidimos que en ésta ocasión haríamos lo posible para acudir al festival, y así lo hicimos. En total éramos cuatro, o más bien tres y media ya que una de las componentes del grupo, iba por libre. Como teníamos que trabajar hasta el viernes y el festival comenzaba el jueves, decidimos enviar a una de las nuestras de avanzadilla, para así marcar el territorio y montar la tienda de campaña que nos serviría de alojamiento durante el fin de semana. No teníamos ni idea cuánto íbamos a lamentar aquella decisión en los días sucesívos.
Nos pusímos en marcha un viernes tras acabar nuestra jornada laboral en el coche de una amiga, que por suerte o por desg
Cuando por fin alcanzamos el aparcamiento situado a las afueras de la población, com
DIA II
Al alba nos dirigímos en pregegrinación hacia la playa en un grupo más o menos uniforme, en la cual la gente disfrutaba de
Cansadas debido al viaje y a la falta de sueño decidimos dirigirnos a la tienda de campaña para encontrarnos con un paronama desolador. Nuestra enfermiza viajera en estado de catatonia extrema solicitando un cuchillo para acabar con todo ser viviente que se encontrase en las inmediaciones de nuestro sagrado lugar de descanso. Aunque su intención era la de dormir a pierna suelta, le fue totalmente imposible por dos motivos bien distintos pero igualmente frustrantes. Por una parte el constante masaje de las raíces en su espalda, por otra, el soniquete incansable de hits míticos de cualquier Nochevieja que se precie, (lésase “El vampiro yeyé”, “No cambié”...) una experiencia que podríamos clasificar de gloriosa. Nos adentramos en la claridad de la tienda con el miedo en el cuerpo, no fuera a ser que nuestra viajera extrema la tomase con nosotras para descubrir que la tienda era demasiado ajustada. NOTA- "Olvídese de comprobar la veracidad de la etiqueta de la tienda de campaña que acaba de adquirir por un precio más bien módico y sentirá la alegre satisfacción de encontrarse con que pasa a ser de en teoría cuatro plazas, a más bien dos y media, a no ser que sean ustedes enanos escuálidos de la estepa y puedan dormir a pierna suelta en el espacio minimalista que le correspondería a un trío de seres humanos extremadísimamente cariñosísimo." Intentamos conciliar el sueño en tan reducido espacio, algo que para mí fue del todo imposible, ni tan siquiera con tapones para los oídos. Nuestra amiga japonesa, con un amplio historial de dormitar en cualquier parte que todo nipón que se precie tiene en su haber (nadie se creerá que es usted japonés sino es capaz de dormir sobre una piedra de canto bien afilada,) se sumió en un sueño tan profundo que las leyendas del Festival aún relatan la hazaña en sus cantares como algo realmente prodigioso. NOTA- "Si quiere entrenarse para lo que le espera en Ortigueira, vaya a bares y discotecas cada noche, no olvide situarse al lado del altavoz y si no se le eriza el pelo, pida que suban el volumen, la música no está lo suficientemente alta. Lleve los auriculares a todas partes y con el volumen al máximo, no olvide poner el radiocassette del coche tan alto como le sea posible y cuando esté en su casa, acuérdese de elevar los decibelios hasta lograr que sus vecinos le denuncien, sólo así logrará en parte recrear la amalgama de sonidos irritantes del pinar de Ortigueira. Otra opción es que pase 24 horas en Akihabara, el barrio de la electrónica de Tokio, no es un pinar atestado de una profusión de músicas extremas pero resultará igual de frustrante y altamente productivo para su entrenamiento. No nos hacemos responsables si finalmente usted acaba convertido en un psicópata y comienza a asesinar gente. Recuerde que se lo hemos advertido."
Al comprobar que no éramos capaces de conciliar el sueño debido al martilleante soniquete de “No cambié” en nuestros oídos, decidímos bajar al pueblo para intentar encontrar algo para desayunar y despejarnos aún más de lo que ya estábamos que no era poco, dejando a nuestra japonesa y a la culpable en cierta medida de casi todos nuestros males, roncando a pierna suelta. La gente pululaba por las inmediaciones botella en mano, alcoholizándose sin control, la basura comenzaba a acumularse por todas partes, el lugar más que a un pinar se asemejaba a un vertedero municipal, sólo que éste último estaría incluso más limpio. Antes de ir a la caza de nuestra primera comida del día nos dirigímos al baño, una de las experiencias más extremas que puedan disfrutarse en el pinar de la Playa de Morouzos. Dos barracones de madera sin pulir ubicados en mitad del lugar servían como urinarios públicos. No había distinciones, hombres y mujeres se entremezclaban en la cola de los aseos, que era terriblemente larga, esperándo la oportunidad de vivir una experiencia sin igual. Menos mal que tuvímos la brillante idea de llevarnos nuestro propio rollo de papel, porque se cotizaban a precio de oro. Al aproximarse al barracón uno podía sentir cómo el olor pestilente machacaba su pituitaria y las náuseas sobrevenían sin poder evitarlo.
El espectáculo era dantesco en el interior de los denominados aseos. Cuatro cubículos de mala muerte con puertas de chapa, totalmente húmedos. La higiene había huído del lugar por temor a la extinción escondiéndose en un lugar remoto para no regresar jamás, hasta que la marabunta infernal de hippies, yonkies y pies negros de los bosques, entre otros de los muchos especímenes que allí se encontraban, se hubiera marchado. Una experiencia realmente maravillosa la de los urinarios del campamento, altemante constructíva. Al salir con una visión totalmente renovada de lo que es la limpieza pudímos observar con estupefacción como dos operarios, con O mayúscula, se dedicaban a lo que ellos denominarían limpiar los baños. Nosotras lo llamaríamos de alguna manera si encontrásemos el nombre, pero aún es el día de hoy que seguimos buscando. Sin jabón, detergente o desinfectante, los limpiadores en cuestión rociaban los urinarios y las paredes de los barracones con agua que salía a chorros de las mangueras que portaban. Solamente agua. De todos es sabido que el agua tiene propiedades desinfectantes y antibacterianas. Un nuevo concepto de higiene estilo Zen. En ocasiones como esta es cuando uno se lamenta de no haber podido incluír en su equipaje un urinario plegable para llevarlo siempre consigo y maldice a todo aquel que no haya sido capaz de haber inventado el wáter portátil para el bolso de mano. CONSEJO EXTREMO: No lleve papel higiénico, no hay mejor experiencia que la de sentirse vilmente estafado al tener que adquirir un rollo de dudosa procedencia a uno de los seres que pululan por el lugar. Además, siéntese en los urinarios tan fantásticamente higienizados, la oleada de placer que sentirá cuando el herpes genital haga su aparición sólo será comparable a la de caminar descalzo por el suelo de los barracones impregnado de sustancias innombrables con el consiguiente contagio de hongos y bacterias que su médico tendrá que denominar como en vías de desarrollo o aún por catalogar. ¡Un recuerdo imborrable de su visita al mundo celta entre comillas y una gran contribución para la ciencia! Es en lugares como este dónde nacen los más renombrados hits del verano tales como “¡Quién tuviera o tuviese un wáter limpio!” “¡Mamá yo quiero un wáter decente!” “¡Mamma mía qué mierda de wáter!” o la ya mítica allende los mares “¡Mi wáter me lo robaron!” que pueden encontrarse en el recopilatorio del Festival de Ortigueira 2008 denominado “¡Mi reino por un wáter ausente de ñorda en el pinar de Ortigueira!”
Tras semejante proeza y aún con cara de somnolienta estupefacción, nos arrojamos al interior de un autobús repleto de beodos en dirección al pueblo. El vehículo mostraba señales de cruentas batallas libradas en su interior mientras que nosotras sólo deseábamos poder tomarnos algo caliente sentadas en un lugar limpio con ausencia de ruido. Y con baño de verdad, lo más añorado cuando uno sale de su hogar. No tardamos en encontrar una cafetería semi-decente en la cual nos introdujímos sin dilación. Aposentar nuestros magullados glúteos en una silla rodeadas de auténtica y genuína limpieza hizo aflorar lágrimas de felicidad en nuestros irritados ojos. Nunca una tila de tan baja calidad provocó tanto placer a un ser humano como la que tomamos aquella mañana entre suspiros de placer en la cafetería semi-decente de Ortigueira. ¡Bebedoras acérrimas de té de alta calidad suspirando por una tila de baja categoría, habráse visto semejante desfachatez! El éxtasis supremo llegó al poder miccionar en un retrete limpio e higiniezado como el que allí se encontraba. ¡Y tenía papel! Nuestra gratitud era tal que ganas de besar la taza no nos faltaron. Con una sensación algo más placentera nos dedicamos a vagabundear en busca de información sobre lo que realmente habíamos venido a disfrutar, los diversos conciertos y actividades en teoría celtas, que tendrían a bien ofrecernos los grupos invitados de forma totalmente gratuíta aquella tarde/noche. Algo entre varias de las cosas realmente interesantes captó especialmente nuestra atención, una banda de gaiteros escoceses actuaría aquella noche y decidímos que sin dudarlo parecía ser la mejor actuación. No teníamos ni idea de hasta qué punto aquel encuentro influiría en nuestro destino. Pero como eso ocurrió después de aquel día y no queremos adelatarnos a los acontecimientos, seguiremos relatando nuestras vivencias a través dle mundo celta por tierras galegas.
Regresamos al campamento tras recabar la información para deleitarnos con un fantástico y genuíno sandwich de jamón serrano, la comida por excelencia del auténtico viajero, y sacar de su sopor al resto de nuestro en aquel momento desmembrado grupo que seguían sumidas en el más profundo de los sueños jamás contado. Tras patear varios culos con maestría y degustar semejante manjar, intentamos secar la ropa que la que escribe había empapado con éxito abrumador, horas antes en la Playa de Morouzos, algo prácticamente imposible si tenemos en cuenta la adversa climatología del lugar compuesta de lloviznas incesantes y una humedad palpable que servía por sí sola para acabar incluso con el alisado japonés más perfecto. NOTA- Aquí es dónde usted se dará cuenta de lo inútil que habrá sido el cargar con el peso extra de un secador que no puede utilizar porque no hay enchufes naturales en los troncos de los árboles. ¡Regocígese en propia inteligencia! La conductora de la expedición decidió al fin prestarme no sin cierto recelo unos calcetines aún por estrenar que junto a mis pantalones de estilo indefinido me hicieron semejarme más a la fauna que pululaba por el lugar, fundiéndome así con el entorno. Antes de dirigírnos nuevamente al pueblo para poder disfrutar de los conciertos y actividades decidimos dar una segunda vuelta de reconocimiento por el pinar, con menos alcohol y sustancias prohíbidas en nuestros organismos. Quedaba patente que la visión nocturna bajo la influencia de sustancias estupefacientes era cuando menos muchísimo más atractíva que la que ahora podíamos observar. Varios puestos ofertaban comida elaborada en unas condiciones de higiene realmente lamentables, sin contar con la venta de rollos de papel manoseados a precio de pelo de conejo y diversas sustancias más bien tóxicas que ni un adicto experimentado se atrevería a probar. Nada de ello era comparable al puesto de té que los pies negros habían ubicado justo al lado de nuestra tienda ofreciendo un brebaje repugnante digno de una película de terror. Nunca el uso de la palabra té fue tan corrompido como en dicha ocasión. CONSEJO EXTREMO: No lleve comida, atrévase a probar los deliciosos platos que le ofrecen las amables personas del pinar por un módico precio. Tampoco lleve bebida, pruebe sin miedo uno de los fantásticos brebajes que podrá encontrar en el puesto de los pies negros ubicado al lado de su tienda, purgue su organismo, limpie su intestino, purifique su alma en los fantásticos urinarios del pinar con el papel de procedencia desconocida que ha adquirido a precio desorbitado. ¡Durante años recordará con deleite semejante experiencia extrema! La visión de las denominadas duchas, un simple paredón con alcachofas ubicado al aire libre y con agua más bien gélida hizo que nos decidiéramos a sacrificar la tan ansiada ablución en pos de la ausencia de una gripe brutal.
Finalmente volvímos a tomar el autobús con destino al centro del pueblo para dirigírnos una vez allí al escenario “Runas” donde grupos debutantes interpetaban con ahínco sus temas intentando convencer al público asistente que ellos debían ser los próximos en actuar de forma profesional, en la siguiente edición del festival en el auténtico escenario, aquel que no debe ser nombrado, el Estrella de Galicia. Entremezcladas con la población bajo un sol de justicia (porque sí, hace sol cuando usted intenta pasárselo bien pero no cuando usted necesita que se seque su ropa) bailamos al ritmo de las canciones populares que se sucedían sin cesar hasta caer rendidas de agotamiento. NOTA- No olvide llevar consigo un bolso de tamaño más bien grande con un montón de cosas en su interior para que al bailar el peso del mismo acabe con su aliento lo antes posible. El agotamiento estará plenamente garantizado. Una vez que los conciertos hubieron finalizado pudímos elegir al grupo que nos hubo gustado más, aunque debemos remarcar que los ganadores no estaban entre nuestros favorítos, la idea en sí nos pareció gratificante. Que los asistentes puedan elegir a quién quieren ver es interesante siempre y cuando el público posea el criterio adecuado. Escuchando a los grupos que han ganado en las dos últimas ediciones debemos confesar que el público asistente tiene un gusto mas bien pésimo, siempre bajo nuestro punto de vista, claro. Regresamos tranquilamente por donde habíamos venido para merodear por el mercadillo instaurado en el centro del pueblo, no sin antes deleitarnos con otra maravillosa visita a los pestilentes urinarios públicos, encharcados hasta las rodillas en esta ocasión. NOTA- Después de tan duro entrenamiento en diversos urinarios altamente antihigiénicos, estará usted más que preparado para hacer sus necesidades en cualquier parte. ¡Garantizado!
Aunque pasamos largo rato dirimiendo lo que íbamos a cenar, las brumas del olvido han borrado de nuestra memoria semejante recuerdo para dejar grabado a fuego sin posibilidad de error lo que había para beber, la maldición de las cervezas, la causa de todos los males de la humanidad, la aberración más grande jamás creada por el ser humano, La Estrella de Galicia. Beber esta cerveza es sin dudarlo una de las mayores hazañas extremas que se hayan conocido jamás. ¡Insuperable! Después de dar cuenta de una cena que no tenemos a bien recordar, nos hicimos un hueco en la primera fila para poder escuchar y ver con toda claridad, las actuaciones de los grupos participantes. Abrieron la actuación los gaiteros escoceses de la “National Youth Pipe Band of Scotland” (http://www.thepipingcentre.co.uk/youth-pb/) dejándonos en un estado de estupefacción tal que aún hoy nos estamos recuperando del trauma sin igual que el sonido de las gaitas causó en nuestras entrañas. Ahora comprendemos porqué los ingleses eran incapaces de vencer a los barvos escoceses y salían corriendo al escuchar el temible bramido de las gaitas escocesas en el campo de batalla. Una docena de jovenzuelos más o menos atractívos, ataviados con el traje nacional escocés deleitaron cada uno de nuestros sentidos haciéndonos enloquecer de puro placer. Estó marcó un punto de inflexión en el itirenario viajeril de nuestras intrépidas viajeras las cuales tuvieron una clara visión de a qué lugar deberían dirigirse en cuanto se presentara la ocasión. NOTA- Jamás presencie un concierto en directo de gaitas escocesas o será su perdición, como lo fue la nuestra, y la de la mayoría de espectadores que allí se encontraban. Tras semejante despliegue de potencia pulmonar el resto de conciertos fueron bastante anodinos si los comparamos con la actuación de sus predecesores. “Odaiko Percusion Group” (http://www.odaiko.es/), un grupo gallego, efectuaron una actuación más bien pésima intentando emular a los músicos japoneses que tocan el taiko, un instrumento tradicional típico de Japón, sin éxito. Cuando uno ha presenciado un auténtico concierto de taiko japonés de la mano de un gran grupo consagrado como Kodô (http://www.kodo.or.jp/news/index_en.html) que muestra a través de sus tambores la sencillez y la precisión musical ejecutando piruetas melódicas sin igual, cualquier tipo de vil intento emulatívo parece un verdadero despropósito. Tras la afrenta cometida contra la música tradicional del país del sol naciente pudímos presenciar un fantástico concierto del mítico grupo escocés “Boys of the Lough” (http://www.boysofthelough.com/) perpetrado de forma maravillosa por sus integrantes a pesar de la avanzada edad de lamayoría de los mismos. Una vez finalizada una excelente actuación llegó el turno de escuchar a uno de los grupos míticos de la música irlandesa “Moving Hearts” (http://www.movinghearts.ie/) Las melodías ricas en instrumentalismo y ejecución impecable pecaban quizás de una extensión un tanto desmesurada para el tipo de festival en que estaban siendo mostradas. El grupo en cuestión es muy bueno aunque quizás más apropiado para escuchar relajadamente en el sofá de casa mientras se disfruta de una buena taza de té, o lo que cada uno tenga a bien tomar en momentos de relajación extrema. Para rematar la velada hizo su aparición uno de los grupos más soporíferos y repetitívos que hayamos escuchado jamás en directo, Fía na roca (para auténticos y genuinos sádicos, http://www.fianaroca.com/ga/web/index.php) dejándonos prácticamente k.o. encima de la valla de contención. Cuando uno ha escuchado cantidades ingentes de música folk y tradicional se da cuenta de que con un “la, la, la” “le,le,le” “ay,ay,ay” y similares, la mayor parte de la canción ha sido liquidada. Algo digno de estudio para la formación en un futuro de nuestro propio y repetitívo grupo que se dedicará a poner de moda un nuevo estilo de folk llamado “la,la,la, folk” único en su especie. NOTA-¡Esté atento a su televisor y en cuanto vea el anuncio corra por su vida! Sus pabellones auditivos se lo agradecerán.
Cuando la tortura hubo tocado a su fin, nos quedamos aguantando el tipo a pesar del estado de adormecimiento en el cual nos encontrábamos, nos dirigímos a la búsqueda de una de nuestras viajeras que se había retirado de la primera fila por miedo a no resistir el sopor provocado por el último grupo de la noche, para comprobar con asombro como su cara encendida de forma incandescente indicaba que había sufrido un flechazo, sin duda alguna, por alguno de los gaiteros escoceses. No sin cierto reparo nos pidió que fuéramos a solicitarle un autógrafo de su parte lo cual hicímos con divertimento, al fin y al cabo todas nos habíamos quedado prendadas de los mismos, de una manera u otra. Cuando nos acercamos a los susodichos para solicitarle el autógrafo al tamborilero en cuestión causamos gran expectación entre los jóvenes y el interpelado enrojeció tanto o más que nuestra ansiosa amiga expectante en la lejanía. Conseguido el trofeo entre risas regresamos al lado de nuestra viajera con gesto triunfante, no sin antes recuperar la libreta de manos del más revoltoso de los gaiteros que nos la había arrebatado para en teoría, facilitarnos el número de teléfono de su amigo. NOTA- No olvide llevar ropa interior de sobra por si acaso necesita usted cambiarse varias veces a causa de la emoción, sobretodo si en el repertorio están incluídos jóvenes gaiteros escoceses. Con más ganas de salir a la caza del gaitero que de regresar al campamento nos retiramos al comprobar que no podíamos mantenernos despiertas ni un sólo minuto más. Más nos hubiera valido el quedarnos de fiesta y cachondeo, habría resultado muchísimo más rentable e igual de cansado, ya que como en la noche anterior, la digamos “música” no paró de sonar en ningún momento y apenas pudímos pegar ojo. El eco de un jimbee malamente aporreado entrechocaba con el repertorio fin de año de los yonkis de al lado mientras un sonido lastimero apenas audible de guitarra española intentaba entrometerse sin éxito en la danza macabra del “chunda, chunda, chundeiro” de la fiesta rave que azotaba nuestros oídos desde la lejanía. Una amalgama de ruidos incoherentes arañaba nuestras neuronas febriles a causa de la falta de sueño y evitaba que pudieran descansar siquiera un momento, por lo que el amanecer fue recibido con una retahíla de gruñidos e improperios varios. El maratón musical non-stop seguía aferrado al campamento sin intención de desaparecer, por lo que tras un desyuno excelentemente conservado en la nevera de Xeniadono, nos dispusímos a encaminarnos hacia el pueblo con la intención de corretear tras el pasacalles en el que participaban los gaiteiros sin saber, que sería una de las mejores actuaciones del Festival de ese año.
Al llegar al pueblo comprobamos que los grupos aún estaban en proceso de ubicación. Nuestros ansiados gaiteros se encontraban resguardados de las miradas impúdicas tras unas puertas de metal entreabiertas, lo que dejaba cierto margen de maniobra para disfrutar de los uniformes en la distancia. Cuando hubieron hecho acto de presencia sus caras denotaban cierto grado etílico transformado en resaca, algunos intentaban cubrir las marcas de sus fechorías nocturnas resguardándose tras unas aparentes gafas de sol. Aunque la fama precede a los escoceses, nadie de los que allí habíamos éramos dignos de hablar puesto que el que más y el que menos estaba en un estado similar al suyo, en algunos casos me atrevo a decir que incluso peor. Otros grupos locales y extranjeros componían el pasacalles mañanero aunque la mayoría de personas allí reunidas solamente teníamos ojos para los gaiteros escoceses que se prepararaban para arrasar el pueblo con el potente sonido de sus gaitas. Antes de que el festival diese comienzo aprovechamos para sacarnos varias fotos con los susodichos, y no intentamos nada más por haber demasiados testigos a los que eliminar. La falta de sueño nos quitó las ganas de masacrar al personal. CONSEJO EXTREMO: Atrévase usted a desvelar uno de los mayores misterios de la humanidad, ya que nosotras no nos hemos atrevido a pesar de nuestro creciente interés. Levante las faldas de los gaiteros escoceses y responda a la pregunta a la que nunca han contestado con sinceridad. Háganos saber si realmente los gaiteros escoceses visten ropa interior, o por el contrario van completamente desnudos de cintura para abajo, obviando claro está la falda y los calcetines. Sentirá una gran satisfacción al haber destruido un mito y descubrirá lo rápido que puede llegar a correr cuando la horda de escoceses furiosos vaya tras usted para intentar aniquilarle por haberles despojado de su aura de misterio. ¡Una experiencia extrema que nunca podrá olvidar!
Cuando el pasacalles dio comienzo, las gaitas escocesas retumbaban en nuestros oídos aplacando cualquier otro sonido que intentase introducirse en nuestras neuronas. Nos dipusimos a perseguirles allá donde fueran (o fuesen) para poder disfrutar cada milímetro de la melodía que despedían sus instrumentos. Bajo un sol de justicia nos deleitamos correteando tras la amalgama de escoceses que no cesaban de tocar, bailando al tiempo que capturábamos el recuerdo indeleble de aquella experiencia sin igual, con las lentes de nuestras cámaras fotográficas. Tras varias horas de recorrido e insolación el pasacalles se tomó un descanso, el cual aprovechamos para intentar entablar conversación con los jóvenes gaiteros. Conseguimos dialogar con un jovenzuelo rubio de ojos azules, algo totalmente inusual en un jóven escocés, a pesar de su acento, y el nuestro. Nos quedó claro que de nada sirven las clases de inglés de marcado acentro británico cuando uno habla con los escoceses, puesto que si se les pregunta que cuántos años llevan tocando la gaita le contestarán con un “eth” que le dejará pasmado. Tras reponerse de la estupefacción inicial, sus neuronas se podrán en marcha hasta llegar a la conclusión por consenso, que el número pronunciado ha sido el ocho (eight en R.P. English si lo prefiere usted) aunque siempre le quedará la duda de si en Escocia, tienen un número alternativo desconocido para el resto de los seres humanos, aplicado exclusívamente a contar los años que uno lleva tocando un instrumento. Tras una breve pero etílica pausa regada con el brebaje del demonio (léase Estrella de Galicia,) el pasacalles reinció su marcha y nosotras hicimos lo propio. Desde ese día muchos jóvenes gaiteros han tenido que visitar al psicólogo aquejados de manía persecutoria. Les seguimos desde la calle principal por las estrechas callejuelas sin que la música de las gaitas se detuviese un solo instante, hasta desembocar en una plaza. Allí los gaiteros se detuvieron a esperar su momento de gloria y lucimiento, la culminación en la plaza central del pueblo del glorioso desfile proveniente de las tierras escocesas. Mientras tanto, me acerqué sigilosamente al mánager de la banda, que no por más feo dejaba de ser escocés, y aproveché para recabar información sobre sus jóvenes pupilos practicando el inglés al mismo tiempo. NOTA– No olvide poner en práctica cada una de las cosas que haya aprendido sobre una lengua con anterioridad, da igual si lo hace bien o mal, practique y aproveche la ocasión de hablar con un nativo allá dónde vaya aunque sólo sea para pedirle la hora o acordarse de sus antepasados, no necesariamente por ese orden. El placer que sentirá al comprobar que es entendido y contestado en un idioma que no es es suyo sin pagar un sólo céntimo, le reportará una gran bienestar monetario y emocional. Tras más de media hora de cháchara en un inglés digamos aceptable con el mandamás del grupo, los gaiteros retomaron sus instrumentos y emprendieron la marcha hacia el lugar en el cual debía culminar su magnífica y dilatada actuación, enloqueciendo al público que estoicamente había aguantado la serenata bajo el sol. CONSEJO EXTREMO: No lleve crema solar. O mejor aún, cargue con ella pero no la utilice, exponga su delicada piel bajo los rayos del sol durante horas y conviértase en el orgulloso propietario de un cuerpo achicharrado por el sol. ¡Magnífico! Sobretodo si ha olvidado traer consigo el After Sun.
Totalmente exhaustas tanto por la falta de sueño como por la insolación, decidimos regresar a nuestros añorados hogares a fin de descansar y tomar una agradable, fantástica, deliciosa, caliente, maravillosa e higiénica ducha, no sin antes retirar nuestras pertenencias y deshechos del maldito pinar, y auto-agasajarnos con un sublime camping del todo improvisado.
Sentir el chorro del agua caliente al caer, eliminar las impurezas de su cuerpo, sólo será comparable a descansar su espalda en un mullido y confortable colchón, carente de protuberancia alguna. Disfrute de la asusencia de ruido y no olvide besar, con lágrimas de felicidad en los ojos, a su adorado, lustroso y reluciente urinario, tan pronto como haya conseguido regresar, sano y salvo, a su lugar de residencia.
Y a pesar de todo, este año volvimos... ¡pero durmiendo en una cama de verdad! XD
ResponderEliminarEl relato de los meódromos ortigueiros casi me causa una fiebre tifoidea. Señor, qué espanto.
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