sábado, 5 de septiembre de 2009

ANGLOSAJONIA= ESCOCIA + INGLATERRA

GLASGOW, LA ODISEA

De todos es sabido que cada turista lleva un masoquista en su interior, sino no es comprensible como, a pesar de los quebraderos de cabeza que supone cada incursión que decidimos emprender al mundo "incivilizado", seguimos encandilados con la idea de trasladarnos más allá de los mares en cada oportunidad que se nos presenta sin importarnos las consecuencias que esto pueda depararnos.

Tras su primera incursión en "El Extranjero", notará no sin cierto deleite que su pronunciación de “sorry”, “please”, “excuse me” and “thank you”, habrá mejorado hasta límites insospechados, siendo incluso comparable a la de un nativo. Ahora ya está preparado para su próxima incursión en el mundo bárbaro.

Como su siguiente destino le recomendamos encarecidamente Escocia. Un lugar plagado de gente educada y maravillosa que estará dispuesta a ayudarle en todo momento con una sonrisa en su rostro. O eso creíamos hasta que visitamos Glasgow por vez primera, durante el Celtic Connections (http://www.celticconnections.com/).

Nuestro viaje comenzó una mañana fría de Enero plagada de brumas, hielo, incertidumbre y ropa del averno que fulminar, con la televisión emitiendo noticias tan alentadoras como el cierre del Aeropuerto de Barajas (http://www.aena.es/csee/Satellite?pagename=Aeropuerto_MAD) días antes de nuestro vuelo, a causa de las nevadas y posteriores heladas. NOTA- Deje volar su imaginación en momentos como éste y su cerebro se encontrará rozando la paranoia antes incluso de haber visto el estado de las sábanas de su, aún desconocido, lugar de alojamiento. Partir de un aeropuerto secundario situado en un lugar de nombre mas que apropiado, Villanubla, era la mar de alentador. Aún así, decidimos no rendirnos y nos encaminamos hacia nuestro destino montadas en un autobús (www.alsa.es), para malgastar largas horas entretenidas sin nada que hacer, gracias a las fantástica coordinación de la línea de autobuses y el aeropuerto, algo realmente glorioso, sin contar las diversas ofertas que nos ofrece el Aeropuerto de Valladolid para ayudarnos a sobrellevar nuestros MUCHOS momentos de asueto. No todos los días se consiguen vuelos de ida y vuelta a Londres (8€) y Glasgow (25€) por menos de los que nos costaría un interesante viaje en autobús al Aeropuerto de Barajas. Aunque usted acabe medio muerto de extenuación, compensa. Muy en el fondo. Nadie dijo que conocer mundo y adquirir cierta pátina de cultura internacional fuera tarea fácil. De hecho, si alguien se atrevió a ni tan siquiera nombrarlo, probablemente un par de calcetines usados fueran a parar dentro de su cavidad bucal de manera totalmente inexplicable. CONSEJO EXTREMO: Atrévase a coger un autobús a horas altamente intempestívas y sienta la emoción de perder el tiempo en un lugar rebosante de inactividad. No existe una sensación comparable al hecho de madrugar para perder el tiempo sin hacer nada.

Tras largas y soporíferas horas de espera amenizadas por un libro semi-compartido de nuestro venerado !Oh, dios! Terry Pratchett (http://www.terrypratchettbooks.com/) (No se atreva a olvidar que por ende nuestro dios es su dios, sino quiere que la ira de un tal Offler que no tenemos el placer de conocer pero que sabemos tiene muy malas pulgas, recaiga sobre usted con toda su fuerza) pudímos por fin embarcar en el ya conocido avión de Ryanair destino a Stansted, con la esperanza de poder llegar a pesar de las inclemencias del tiempo. Una de las cosas que siempre le reportará a usted una satisfacción extrema, es la ausencia de información por parte de la tripulación de cabina cuando surge algún tipo de imprevisto. Especialmente cuando su vuelo se retrasa de forma considerable porque las alas de su avión están siendo rociadas a manguerazos con un líquido anaranjado de función desconocida y nadie le ofrece ningún tipo de aclaración al respecto. Algo realmente inquietante que le hará pensar en todos los accidentes de aviación más recientes de los que haya tenido noticia provocándole una necesidad imperiosa de salir corriendo. ¡Maravilloso! NOTA- Le invitamos a que ejercite su mente pensando en todas y cada una de las posibilidades mientras observa cómo el avión es rociado con un líquido desconocido para usted, seguro que se le pasan por la cabeza imágenes relacionadas con llamas, explosiones y destrucción masiva, aunque al final acabe siendo simplemente anticongelante. Una vez terminadas las maniobras con finalidad incierta pusímos, por fin, rumbo a Londres.

De todos es sabido que Enero es el mes invernal por excelencia, repleto de frío, nieve, lluvia,humedad, hielo y por supuesto niebla. Si a eso le añade usted el hecho de volar a un lugar sumido en la bruma durante buena parte del año, lo que obtiene usted es un aeropuerto de Stansted que debería usted poder vislumbrar, sino estuviera completamente rodeado por una neblina blanca y húmeda. No es que usted pueda tocarla pero desde su asiento mecido de forma abrupta por las turbulencias, puede imaginarse la humedad implícita en aquella niebla espesa que podría usarse como crema batida para untar los scones a la hora del té. En estos momentos es cuando uno se percata de la importancia de llevar a un piloto experimentado a los mandos del aparato y reza lo que primero le viene a la cabeza pidiendo llegar sano y salvo a tierra. La sensación de estar rodeado por la nada es incomparable al hecho de sentir como el avión en el que usted va de pasajero se clava en el suelo de forma repentina mientras la imagen de una pista humedecida por la calima aparece ante sus ojos en cuestión de segundos. NOTA- Bese al que tenga al lado porque ha llegado sano y salvo a su destino y eso se merece una descarga de toda la adrenalina que ha ido acumulando durante el accidentado vuelo. Siempre puede pegarle un puntapié sino desea ponerse cariñoso, el caso es desestresarse de alguna forma. Cuando la azafata de vuelo anuncie en su español más castizo, “¡Bienvenidos a Siberia!” podrá usted sentirse invitado a salir corriendo del avión para encontrarse bajo la llovizna incesante y el frío demoledor rodeado de turistas que han venido con usted para boicotear todo intento que usted realice para practicar el idioma autóctono. Welcome to London!

Como viajero experimentado que es usted, tras sus muchas incursiones en el territorio bárbaro, es consciente del tedio que sobrelleva el alcanzar finalmente su destino debido a las horas de espera que implican las conexiones en los vuelos de bajo coste. No hay victoria sin esfuerzo. Solácese en los cómodos sillones de la sala de espera, tómese un té, húrguese la nariz, divague sobre la existencia del ser humano, lo que sea para pasar el rato. Si es usted afortunado solamente tendrá que llenar su tiempo durante unas cuatro horas, sino, vaya pertrechado para relatar sus memorias en un taco de servilletas de una conocida cadena de cafeterías que me niego a publicitar sin recibir algún tipo de retribución monetaria, por lo que, usted y yo, la denominaremos "S". Después de un vuelo altamente accidentado, estará preparado para lo que sobrevenga, si exceptuamos un aterrizaje la mar de escabroso que incluye el sentir como el avión frena en seco a una velocidad considerable. CONSEJO EXTREMO: Coma y beba con fruicción, llene su estómago hasta límites sobrehumanos, así podrá deleitar al resto de pasajeros con una lluvia de alimentos regurgitados cuando el aparato decida detenerse de forma brusca e inesperada. Las penas con pan son menos, como se suele decir, nadie dijo que el pan tuviera que estar de una pieza. ¡Impagable!

El llegar a un lugar prácticamente desierto a horas más bien intempestivas, de luces tenues y personal ausente deja un regusto de ligero sobrecogimiento. Ármese de valor para la tarea titánica de encontrar en la tenebrosa noche, a algún buen samaritano que le indique cómo llegar desde los confines del mundo, léase Prestwick, hasta el centro de Glasgow. Y prepárese para lo que le espera, puesto que si no ha invertido su fondo monetario en una larga estancia en un país de habla inglesa, comprobará con estupefacción que no alcanza a comprender ni la mitad de lo que le explican cuando intentan ayudarle, o peor aún, que no entienden su inglés macarrónico "made in Albacete". ¡Fantástico! Tras diversos intercambios de frases, gestos, y algún que otro escupitajo, sabrá que ha de correr para coger un tren (http://www.gpia.co.uk/AirportInfo/HowTo/links.asp) que le transportará desde una zona puramente rural, a la civilización, porque si lo pierde, entonces deberá usted vivir una experiencia de lo más extrema, coger un taxi en un país bárbaro. ¡Maravíllese de la gran coordinación de trenes y vuelos en cualquier lugar del mundo, no deje de sentirse como en su propia casa! Pero no debemos adelantar acontecimientos. Si viaja usted desde el aeropuerto de Prestwick hacia cualquier punto de Escocia, ja, ja, ja, siempre que el tren tenga parada en ese punto se entiende, obtendrá usted la satisfacción de recibir un descuento del 50% en la tarifa habitual en su billete de tren, lo que está muy bien oiga, si tiene usted en cuenta que solamente la ida ya le cuesta la friolera de 7 libras (unos 8€ dependiendo de la fluctuación del mercado) y no quiera saber el precio de un taxi desde Prestwick hasta el centro de Glasgow. ¡Tendrá que prostituirse para poder pagarlo! Súbase al tren, enseñe su maltrecha hoja de vuelo que no alcanza a ser tarjeta de embarque aunque se empeñe y paladee la satisfacción de ahorrarse dinero. CONSEJO EXTREMO: Deshágase de su tarjeta de embarque antes de llegar al tren y pague usted la tarifa completa, en ambos trayectos. Sienta como desperdicia sus ahorros, una sensación de lo más gratificante.

Uno aún se sorprende cuando un habitante del mundo bárbaro intenta entablar conversación con el turista y comienza a hablar en su idioma. Más aún cuando el susodicho es profesor de inglés en Pontevedra y trae un pedo descomunal, lo que le obliga a usted realizar un esfuerzo extraordinario para integrarse en la conversación sin parecer idiota. Si le parece complicado entender el acento escocés, intente mantener una conversación coherente con un lugareño semi-alcoholizado que en teoría, habla español, una experiencia de lo más provechosa para usted ya que su nivel del idioma se verá incrementado en 5 puntos extra de experiencia, que convenientemente anotaremos en su tarjeta de "Turista Extremo Cualificado". NOTA- Hable con todo ser viviente que encuentre en su camino, entable conversaciones casuales, practique su inglés y rentabilice su dinero, al fin y al cabo viaja usted para eso.

Cuando por fin haya alcanzado el centro de Glasgow tras su larga odisea, congratúlese de haberlo logrado y pregúntese, a menos que se haya implantado usted un chip GPS de última generación totalmente actualizado en el cerebro, el motivo de no haber adquirido un mapa de la ciudad para lograr encontrar el hotel en el que se va a alojar. Simplemente maravilloso. La suerte siempre está, al fin y al cabo, del lado del turista (De hecho, hemos constatado la existencia de una extensa red de personal voluntario a nivel mundial para evitar que os turistas tengan malas experiencias fuera de sus hogares. Sus miembros hacen acto de presencia de forma totalmente casual cuando usted necesita alguna cosa. ¡Garantizado y certificado por nuestras viajeras extremas!) por lo que sólo habrá de dirigirse a uno de los abundantes (y atractivos) policías que rondan por la Estación Central (http://www.networkrail.co.uk/aspx/855.aspx#access) para preguntarle por la dirección en cuestión. Se quedará usted perplejo al comprobar que el interpelado se quita la gorra reglamentaria para descubrir con asombro y admiración un mapa adosado en el interior de la misma, mientras el resto de sus compañeros ríen al ver su cara de estupefacción.

Uno de los mitos sobre Anglosajonia (léase, Inglaterra, Escocia, Irlanda, Gales...) es que todo el mundo se va a dormir muy temprano y que la fiesta se acaba a las 11pm. No sabemos muy bien de dónde proviene esta creencia pero usted comprobará por sí mismo que los mitos son fácilmente refutables cuando una riada de vómito sin control esté a punto de salpicarle las botas mientras corretea usted de acá para ya, maleta en mano, intentando encontrar su hotel un miércoles del mes de Enero pasada la medianoche. Y el festival de música celta aún estaba por comenzar. CONSEJO EXTREMO: Entre en un pub con su maleta repleta de ropa del averno lista para ser calcinada, pida una pinta de cerveza escocesa, otra pinta, y otra más, hable con los lugareños, patee su maleta y ríase. Sabrá cuando ha bebido bastante en el momento que sienta que está deleitando su paladar con la mejor cerveza del mundo, intente entonces encontrar su hotel influenciado por los aromas etílicos ya acabará descubriendo lo gratificante que es dormir tirado en el arroyo, o en una celda, dependiendo de lo mucho que haya bebido y lo poco que recuerde.

Después de muchas vueltas por callejones oscuros y alientos alcoholizados de los viandantes a los que tuvo a bien el preguntar por la calle que buscaba sin que le entendieran un carajo, llegará usted a su destino, sin cenar y con ganas de descubrir qué sorpresas le deparan las sábanas de lo que le servirá como lecho en días sucesivos. A diferencia de Inglaterra, en la cual la mugre campa a sus anchas, Escocia es destacable por la higiene y salubridad de sus hoteles y hostales. Quizás la mugre se esconda en alguna otra parte, o sea producto de exportación "Made in Scotland" que los ingleses compran a espuertas para repartir a lo largo y ancho del país mugre con garantía de calidad. ¡Démosle gracias al Gran Oh Dios de las Resacas!

GLASGOW, TOMA DE CONTACTO

Al despertarse descubrirá con emoción contenida, como la luz se filtra a través de las cortinas de su habitación, lo cual le producirá una sensación realmente maravillosa. NOTA- Vaya preparado con un buen antifaz fabricado en hierro fundido, ribeteado con relucientes tachuelas multicolores, y un par de tapones para los oídos y podrá dormir a pierna suelta en cualquier lugar que se proponga, por luminoso o bullicioso que éste sea. Tras verificar que la kettle está en un estado que no provocará en usted intoxicación alguna y prepararse un buen té verde japonés que convenientemente lleva en su maleta, (ya sabe de una forma u otra Japón proveerá) se dirigirá hacia el cuarto de baño extremadamente limpio para llorar de felicidad por no encontrarse en un oscuro y sucio hotel en Inglaterra. Una vez haya realizado las obligatorias abluciones matutinas (que sea usted un viajero extremo no le exime de lavarse) intentando no morir, dependiendo del grifo que utilice, abrasado o de congelación, ya que en toda Anglosajonia es costumbre que las cañerías estén separadas impidiendo regular la temperatura del agua, estará usted preparado para dirigirse al comedor y comprobar si el Full Scottish Breakfast que publicitan es digno de sus reverencias y halagos.

En el comedor se encontrará con una escena tan maravillosa que recordará cada día de su vida, a cada instante, tamaño batiburrillo culinario. Tendrá a su disposición, tostadas, cereales, yogures, mantequilla y mermelada, croissants, café, té, fruta, leche sin obviar la otra parte del desayuno más magnífico que haya usted probado jamás, blood pudding, salchichas, huevos, bacon, champiñones, tomates, alubias... Ahora póngalo todo junto dentro de usted esperando que su estómago no decida ponerse en huelga. NOTA- Coma, beba y vuelva a comer. Llénese hasta límites desconocidos para usted, disfrute como un auténtico turista, el desayuno va incluído en el precio, sáquele rentabilidad, pero no olvide que si vomita, estará perdiendo dinero. Recuerde abrir cada cajita que encuentre en las mesas del comedor porque al igual que los huevos Kinder (http://www.magic-kinder.com/mk2008/chooseLanguage.htm), siempre deparan una grata sorpresa. Descubra con asombro que la existencia del Pan de Los Enanos descrito en los libros de Tolkien (http://es.wikipedia.org/wiki/Tolkien) es palbable y muy, muy real, y disfrute intentando deglutirlo en un momento de necesidad, una experiencia de lo más extrema. Ya puede regresar a casa, usted ha ido a Escocia sólo para constatar la existencia del Pan Enanil en cuestión, todo lo demás, no importa.

Descubra atónito al adentrarse en el mundo exterior, como brilla el sol y derribe otro mito, pues de todos es bien sabido que los escoceses viven sumidos en las tinieblas sin ver jamás la luz del astro rey, quizás todo sea producto de su imaginación febril después de deglutir tan pantagruélico ágape. Camine por las callejuelas y vaya deleitandose con las escasas atracciones que una ciudad tan descuidada como Glasgow tiene para ofrecerle, al fin y al cabo, es una ciudad industrial, sucia y maloliente, según cuentan las malas lenguas. Deléitese en extremo al comprobar que ha elegido un enclave perfecto para moverse por tan poco turístico lugar, que cada libra que ha gastado en su habitación de hotel ha merecido la pena y admire con asombro la tan conocida Escuela de Artes de Glasgow (http://www.gsa.ac.uk/), en la que un tal Rennie Macintosh (http://www.crmsociety.com/default.aspx) hizo sus pinitos como artista, para acabar siendo uno de los más reputados arquitectos de Escocia. Una absoluta nimiedad, por ello la práctica totalidad de la ciudad está dedicada a su memoria, de una u otra forma. A horas tan intempestivas encontrará las puertas de este sagrado lugar de peregrinación cerradas a cal y canto, no vaya a ser que algún turista despistado se introduzca en ella por error y acabe aprendiendo algo tan útil como para exponerlo en el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León a.k.a MUSAC (http://musac.es/).

Siga usted su peregrinaje para acabar constatando con ligero asombro que Japón proveerá, da igual el lugar al que usted viaje, Japón siempre estará con usted en sus muchas y variadas formas. En esta ocasión en su versión de macchalatte del que usted sin saber cómo es un fan acérrimo al igual que nosotras. ¡Atrévase a llevarnos la contraria! Curiosidades inexplicables en la vida de los humanos que vagabundean alrededor de ese vasto lugar denominado cariñosamente, “El Extranjero”. Amén del delicioso y humeante macchalatte que usted degustará rozando el éxtasis con lágrimas de emoción resbalando por sus mejillas, (no le hemos dicho lo que contiene, pero llorará de todas formas) tomará una porción de pastel de zanahorias recién hecho, mientras acomoda sus vértebras al maravilloso sofá de skay rojo putón que se encuentra situado en la parte central de la cafetería (sentimos no recordar su nombre pero recordaremos con regocijo por siempre jamás la ubicación de la misma) y se prepara para no reventar tras el festín que acaba de degustar muy poco tiempo atrás. Cuando sienta que el botón adosado a la cinturilla de su pantalón roza el estado de arma de destrucción masiva, desabrócheselo y evite así del infortunio de la semi-ceguera a cualquier buen samaritano que tuviera a bien posicionarse en la trayectoria del improvisado misil en el que se convertiría si acabase por reventar su preciado pantalón versión pordiosero número 3000. Si logra levantarse antes de que sus michelines se desparramen sobre el rojo del sofá en dirección al suelo, habrá usted realizado toda una proeza digna de un viajero de lo más experimentado y tendrá en su haber 15 puntos extra de experiencia viajeril que con sumo gusto sumaremos a los restantes cuando la odisea Glaswense haya finalizado. Si sigue usted con vida, claro.

Arrástrese por las callejuelas bajo el peso de su estómago repleto de deliciosas viandas que se mecerán al vaivén de su cuerpo mientras intenta retener cada migaja dentro del mismo. No piensa permitir que tan magnífico agasajo, léase macchalatte, acabe decorando con profusión las losetas del suelo. Fije usted la vista en el enlosado para descubrir con estupor cual es el deporte nacional de los Glaswenses o Glaswanos. NOTA-Elija usted cómo denominarlos en su propia jerga, al fin y al cabo no tienen un gentilicio predefinido algunos los denominan simplemente "bárbaros bebedores de whisky". Comprobará que en algunos tramos podrá incluso vislumbrar partes del firme entre la multitud de chicles que se aglutinan sobre el asfalto, lo cual le revelará muchas cosas sobre las sanas e higiénicas costumbres de los que allí habitan. Imaginamos que el consumo de goma de mascar en la ciudad es proporcional al número de bebidas alcohólicas que se consumen en los pubs durante un año ya que nunca habíamos visto tanto chicle usado hacinado en el mismo sitio. Jamás se hubiese imaginado que uno de los pilares de la economía escocesa fuese algo tan sencillo y vulgar como un chicle, por ello en los tiempos de crisis que, según dicen, corren por ahí haciendo estragos en las economías mundiales de todos aquellos países desarrollados que se precien de serlo, no queremos ni pensar la capa de material masticable que puede recubrir las calles de la ciudad escocesa. NOTA: No se olvide usted, como buen turista, de contribuir a la floreciente economía del país y practique pues sin ningún tipo de reparo el deporte nacional de Glasgow. Imagínese el mismo panorama trasladado a las calles de una ciudad tan poco calurosa como Madrid en tiempos veraniegos, caminar bajo la solana a 40ºC a la sombra sobre una cantidad ingente de materia pegajosa repleta de bacterias de bocas ajenas que intentan abrazarse a las suelas de sus zapatos, si es usted pobre y va caminando, o a los neumáticos de su vehículo si es usted semi-pobre y va en coche. ¡Una experiencia imborrable! Cosas así son las que le hacen a uno recapacitar sobre porqué el tiempo en Escocia es frío y lluvioso, para que los chicles que pueblan sus calles se incrusten profundamente en el duro suelo de cemento salvaguardando así, las suelas de los zapatos de sus paisanos.

Merodeando por el lugar, si es que puede usted moverse tras la comilona, disfrutará visionando tiendas típicamente escocesas repletas de accesorios y dulces típicamente escoceses, no vaya a ser que por una fracción de segundo se olvide usted del lugar en el que se encuentra. Si no hay ninguna tienda típicamente escocesa por el lugar, aparecerá un lugareño con el cardo escocés tatuado en alguna parte (visible) de su cuerpo. Y por si no quedara suficientemente claro en qué lugar se encuentran depositadas las suelas de sus botas, banderas escocesas ondearán con profusión sobre su cabeza a cada paso para recordarle que se encuentra usted en la bienamada Scotland. CONSEJO EXTREMO: Entre en un pub repleto de escoceses borrachos durante un partido de fútbol contra Inglaterra, por ejemplo, y practique su inglés. En el tono más alto, claro y británico que pueda usted adoptar dígales sin miramientos que son una panda de ingleses ociosos, vivirá usted una de las experiencias más extremas que pueda recordar. Corra, y mucho, hasta salir del país si es necesario, sino quiere que le ilustren de forma un tanto violenta la diferencia entre un Escocés y un Inglés, ambos son igual de cafres cuando están cabreados, pero los Scottish son más altos y fornidos (y porqué no decirlo, muchísimo más guapos), téngalo en cuenta. Caerá bajo una maldición tan potente que heredarán los hijos, de los hijos, de los hijos, de sus hijos... bueno, alguien heredará algo en un futuro incierto, y no será de su agrado. Nadie dijo que las herencias tuvieran que ser agradables y/o satisfactorias, de hecho herencia y satisfacción, son palabras que nunca deberían utilizarse juntas en la misma frase.

Correteando por el lugar, si ha logrado usted salir ileso del capítulo anterior (¡Déjenos dudarlo!) se topará con un restaurante típicamente español, con precios típicamente turísticos, en el cual no se le ocurrirá entrar a merodear ni por todo el oro del mundo. Diríjase al MacDonald´s si es necesario, pero jamás entre a un restaurante de comida típica de su país fuera de su hogar, nadie posee tan alto nivel de turisteo como para degradarse a cometer semejante atrocidad. Sus papilas gustativas y en especial su maltrecho bolsillo le estarán eternamente agradecidos . NOTA- Si siente la imperiosa necesidad de entrar a un restaurante español cuando viaje a “El Extranjero” auto-flagélese con una vara de avellano, haga el pino, corra desnudo sobre el asfalto alfombrado de chicles, pero no se le ocurra caer en la tentación de cometer tamaña aberración, por favor. No diga, que no se lo hemos advertido. Tras huir del lugar de tan horrible descubrimiento se adentrará usted en la primera librería que se cruce en su camino para adquirir un fantástico y genuíno mapa de bolsillo muy económico, que no le servirá de mucho pero le proporcionará una formidable apariencia de aguerrido turista. Pertrechado ya con los aparejos necesarios para recorrer la ciudad en modo extremo (mapa, cámara, despiste descomunal, acentazo castizo), diríjase pues hacia el exterior del establecimiento para celebrar con regocijo el viento gélido que sopla desde vaya usted a saber donde y hace estremecerse todo su cuerpo. No deje usted de sorprenderse al ver jamonas por doquier ataviadas con ligereza bajo un frío desolador acompañado de llovizna "extreme mode" y ventolera gelificante, lo que hará que se sienta usted aún más turista si cabe. Maravíllese con los escotes que lucen las valientes (o calientes) escocesas en pleno Enero dejando entreveer sin ningún pudor parte de su pechuga, con la ausencia de medias que protejan sus “esbeltas” piernas de la hipotermia o foulares que den cobijo a sus “delicados” cuellos. ¡Ríase usted de la moda otoño-invierno que las tiendas del grupo Inditex (http://www.inditex.com/en) lanza en la zona norte de España! ¡Está usted en Escociaaaaaaaaaaa! Por si no se había percatado de tan insignificante detalle. La sangre vikinga, léase alcohol de quemar de 95º, que corre por la venas de las féminas del lugar les proporciona la suficiente sensación térmica para no necesitar prendas de abrigo. ¡Muerte a los “jarsés” de lana! ¡Vivan las chancletas y las camisetas de tirantes chacho! Como es obvio, sus homónimos masculinos poseen el total de grados vikingos disponibles en su sangre.¡Grandioso!

Aún con ciertos restos de alimentos anteriores debatiéndose entre la disolución o la muerte en el interior de su estómago, decidirá que es hora de añadir nuevos ingredientes a su caldo digestivo. No deje descansar a su gaznate, siéntase como un pato de engorde, coma y beba, pruebe absolutamente todo lo que le venga en gana. Ya se encargará su intestino de indicarle con un retortijón de dimensiones insondables cuando a llegado la hora de detener su vorágine alimenticia. ¡Y repetidas veces! Por si no quiere darse usted por enterado. NOTA- ¡Ignórelo! Está usted de turisteo, haga oídos sordos a la llamada de la naturaleza, ya tendrá tiempo de hacerle frente a su gastroenteritis cuando haya llegado usted al lugar más higiénico de Anglosajonia entera, London. Se sentirá más que tentado de degustar un supuestamente exquisito Afternoon Tea, y bien digo supuestamente ya que el coste por persona rozaba la usura, 12,25 pounds., si bien en cierto que en una de las mejores casas de té de toda la ciudad, The Willow Tea Room (http://www.willowtearooms.co.uk/), situada en Sauchiehall (¡Adivine usted solito cómo se pronuncia esto!) la calle principal de Glasgow. Al adentrarse en el lugar ataviado con su ropa del averno se sentirá un tanto cohibido debido al lujo y al boato que rezuma del interior del salón de té. No muestre ningún reparo en acomodarse donde le venga en gana, es usted un turista de pleno derecho, ganado a pulso durante largos días de vagabundeo por diversos lugar de ese gran lugar denominado alegremente “El Extranjero” sus libras son tan buenas como las de cualquier otro turista. Ordene con voz firme lo que ha venido a consumir a las 2pm, hora de la comida, cantidades ingentes de material azucarado que pudrirá sus ya de por sí maltrechos molares. ¡Un día es un día! ¡Derroche sus libras esterlinas hasta alcanzar el éxtasis más dulce que haya podido imaginar! De hecho, existe un éxtasis aún más dulce y extremo, no apto para bípedos que quiera conservar su cordura intacta. (¡Próximamente en Viajes Extremos, la descarnada historia de un demonio hecho tarta para atormentar al ser humano con su existencia, vil y despreciable!)

Cuando la bandeja de tres pisos repleta de dulces golosinas haga su aparición, sentirá usted como de su boca rezuma un fluído incoloro y algo pegajoso, que habitualmente se denomina baba.Ya está usted preparado para pasar al siguiente nivel, deglutir la cantidad ingente de alimentos que tiene delante sin morir en el intento. ¡Ánimo, usted, turista experimentado, puede ya con cualquier cosa! NOTA- Permítanme aquí realizar un inciso, pues quisiera plasmar la frase que un buen amigo nuestro no pudo evitar decirnos mientras visionaba las fotos de nuestras múltiples aventuras; ¿Es que nunca dejáis de comer? Escribiendo estas líneas me he dado cuenta de que es totalmente cierto y eso que todavía no hemos llegado a nuestro ya mítico viaje por tierras niponas en el cual el comer era un no parar de la mañana a la noche sin ningún tipo de descanso, ni control. Amén de la exquisita “comida autóctona” por excelencia = sandwich, tendrá usted la grata satisfacción de deleitarse con un “scone “aderezado con una gruesa capa de mantequilla, recubierta de “preserve” de frutillas arbóreas (lo sentimos, la mermelada no le llega ni a la suela de los zapatos) y cantidades industriales de “whippered cream”, que usted, turista ignorante confundirá con la vulgar nata, pero descubrirá con asombro que el parecido con la misma es solamente en el color, puesto que su sabor es menos dulce (¡Incríble pero cierto!) y su textura muchísimo más ligera y cremosa. Si todavía no se siente una opresión en la zona del bajo vientre eso quiere decir que puede usted seguir degustando las ricas viandas expuestas ante sus ojos. Las deliciosas “shortbread” que ni por asomo se parecen a las viles galletas de mantequilla, será lo siguiente que se eche usted al buche y para rematar la jugada, si es que aún usted respira, se siente totalmente cuerdo y su corazón sigue latiendo, con el inmenso trozo de tarta casera al que intentará por todos los medios hacerle un hueco dentro de su abultado estómago. NOTA- Ayúdese con cantidades astronómicas de té, eructe disimuladamente, resople, todo sirve para hacerle hueco a un “pedacito” de dulce demoníaco que le mira de forma burlona desde su escondrijo. ¡No se arredre, solamente es un inocente trozo de tarta! Saldrá tambaleándose del lugar en un estado febril después de haber disfrutado de una gloriosa merendola sin igual, para jurar sobre la tumba de chanquete que no volverá a acometer semejante atrocidad con el estómago lleno. Da igual lo que prometa,usted y yo sabemos que es una vil falacia.

Después de haberse atiborrado con fruicción, se dirigirá hacia su lugar de reunión con los lugareños para asistir a una charla de seguridad antes de tomar parte en la “Torchlight Parade” que abre el Celtic Connections y así derribar otro de los mitos tan extendidos por Anglosajonia. Por todos es sabido las estrictas normas de seguridad a las que se ven sometidos los habitantes de tan vasto dominio, por ese motivo antes de incendiar una procesión, se debe instruir a los participantes en la misma, todos ellos voluntarios, para evitar que ardan los acompañantes de ambos lados y de la parte delantera hasta morir calcinados. Tras una gratificante charla en el idioma autóctono que, en teoría, todo el mundo ha de entender excepto usted (con la excusa de ser foráneo) de una hora larga de duración, comprobará con estupor como cada uno hace lo que le da la real gana sin importar la distancia de seguridad a mantener entre los porteadores de las antorchas para evitar todo aquello que pudiera acontecer si una simple chispa fuera a caer sobre la ropa “Made in China” de alguno de los participantes. El interés mostrado por los voluntarios en asistir a la charla era intrínsecamente proporcional a las ganas de caer en un estado de semi-inconsciencia etílica tras la procesión, en la fiesta que se celebraba acto seguido repleta de bebidas alcohólicas de gratuidad absoluta y algún que otro canapé que de vez en cuando se atrevía a hacer acto de presencia en la susodicha fiesta. La gratuidad siempre ha sido un reclamo importante, da igual en el país que usted se encuentre, para conseguir que hordas de viejos seniles, hambrientos y sedientos acudan a prestar sus servicios en aras del buen funcionamiento de los eventos de la región en que residen. Aunque no les guste el whisky, ellos acudirán simplemente porque es gratis. CONSEJO EXTREMO: Abandónese a una orgía de destrucción, haga caso omiso a las normas de seguridad que usted como buen turista no ha podido comprender al haber sido relatadas en versión original sin subtítulos, en el idioma de los bárbaros. Cuando le hayan hecho entrega de su antorcha, enciéndala y practique juegos malabares con la misma, acérquela al cúmulo de laca con trozos de pelo plagado de su vecina, chamusque las puntas de la rubia idiota que tiene en frente, calcine el abrigo de falso visón de la señora que tiene al lado. ¡Haga amigos de los que no se olvidan! ¡Gánese a pulso todo el amor de los Glaswenses! ¡Turistee usted como es debido! ¡Sea más cafre que un escocés de pura cepa! Sólo así podrá ganarse su respeto. Conviértase pues en el ¡Oh, Dios de los Turistas! Aquel que siempre va corriendo con una horda totalmente espontánea y enfurecida tras de sí. ¡Viva una experiencia de lo más extrema!¡Glorioso! Buscará ansioso el sonido de las gaitas para deleitarse con su estruendoso sonido sin llegar a comprender cómo ha llegado usted a tener tantas y tan variadas aficiones. Milagros de la ciencia, oiga. No olvide, ni por un momento, que está usted diseñado a nuestra imagen y semejanza, lo que le convierte en el ser (turista) más perfecto sobre la faz de la tierra. ¡Regocíjese pues en este hecho tan maravilloso y prosiga con su viaje turístico, por favor!

Tras recuperarse de su vorágine destructiva y aguantar estoicamente otra gratificante charla del preboste de la ciudad, podrá usted disfrutar de la barra libre de alcohol y algún que otro canapé, por haber formado parte de tan admirable evento sin percibir un sólo céntimo en retribución por los servicios prestados. ¡Admirable! Obtendrá sin embargo, retribución en especie, léase bebidas alcohólicas. Aprovéchese pues de la situación y paladee un exquisito whisky escocés que le hará toser para acto seguido arrastrar cualquier tipo de impureza que se encuentre por el camino hacia su estómago. Carraspee y corra, antes de que tengan tiempo de servirle otro. Casualidades de la vida, sin saber cómo se encontrará con algunos de los gaiteros que ha conocido en anteriores incursiones al mundo bárbaro, no este sino otro de los muchos incrustados en las realidades paralelas, y su lado friki hará acto de presencia para anular completamente toda capacidad de raciocinio, obligándole a cometer actos impíos, como fotografiarse con los escoceses ataviados con el kilt completo e incluso entregarles un CD repleto de fotos y vídeos de sus actuaciones por tierras gallegas. ¡Saboree usted su regresión hacia la edad del pavo! Recuerde que si usted está en estos momentos turisteando por la bienamada Escocia, es gracias al estado febril en el que se sumió el día que acudió al concierto de los gaiteros en el Festival de Ortigueira. Al ser extranjero en un país extranjero, la gente se acercará a usted para preguntarle con curiosidad por su lugar de procedencia. Tenga siempre a punto su mejor sonrisa para salir en una cantidad ingente de fotografías de personas en un estado etílico más bien lamentable a las que no conoce de absolutamente nada, y con las que por suerte no volverá a cruzarse jamás.

Una vez finalizado tan degradante evento, con varios grados de sangre vikinga en su vilipendiado cuerpo, ganados a pulso tras su idilio con el tan afamado whisky escocés, se arrojará de nuevo a las oscuras, frías y lóbregas calles de Glasgow. Que solamente sean las 6pm no implica que necesariamente deba haber luz. De hecho, aunque usted no se haya percatado durante su orgía incendiaria, ya había anochecido pasadas las 4,30pm. Su intento de proseguir con la ruta turística que se había marcado se verá vilmente frustrado debido al pronto cierre de los establecimientos escoceses. Ya sabe usted que todos los anglosajonios con una panda de ociosos que tienen la osadía de dejar de trabajar a las seis de la tarde, para irse a disfrutar de su tiempo libre al bar más próximo. ¡Habráse visto cara más dura! ¡Tiempo libre para socializar con sus congéneres! ¡Inconcebible! Dispóngase pues a matar el tiempo como buenamente pueda hasta que llegue por fin la hora de acudir a su nueva cita con los Glaswanos, el Festival Club. Sino se encuentra usted en el selecto grupo de los beodos empedernidos, lo tendrá francamanete mal para rellenar sus ratos de asueto con algún tipo de actividad lícita que no le envíe derechito a las mazmorras de alguna de las cárceles del país. ¡La brutalidad policial es de primera categoría! Le recomendamos encarecidamente la librería Borders (http://www.borders.co.uk/) de amplio horario que dispone de un Starbucks en su interior, y con un sistema de préstamo de libros que hundiría el negocio de la venta de libros en su país de procedencia pero que ayuda a incentivar el mercado en ese bárbaro país extranjero. Mientras degusta usted un té semi-decente al abrigo del calor de un sistema de calefacción bien diseñado, puede usted tomar prestado cualquier revista o libro que sea de su interés para manosearlo cuanto quiera sin tener que abonar ni un sólo céntimo por el disfrute del mismo. ¡Y lo mejor de todo es que no tendrá que comprarlo!

NOTA- Cancele cualquier tipo de viaje organizado o actividad y acuda a la librería desde primera hora de la mañana, sea el primero en entrar. Permanezca allí leyendo un libro tras otro sin descanso hasta que las retinas de sus ojos implosionen, tras haber pedido un mísero té durante todo ese tiempo. ¡Rentabilice su dinero sacándole el máximo provecho como mandan los cánones del buen turista que algún día tendremos a bien en redactar! No se le ocurra abandonar el lugar hasta que le muestren el cubo con la fregona, en ese momento sabrá que ha llegado la hora de marcharse. Si ha olvidado por completo aprovisionarse de su cena con antelación, puede dirigirse a alguno de los muchos restaurantes que pueblan la ciudad si es que es usted el agraciado propietario de varias tarjetas platino con saldo ilimitado y le gusta que le sableen de manera formidable. El supermercado con su gran y variada oferta en “Deal Meals” es y será siempre la mejor opción, no tan bueno, ni tan bonito, pero sí extremadamente barato, aunque debe recordar que su horario es bastante limitado. Una vez haya usted satisfecho sus necesidades alimentarias ya está más que preparado para afrontar el siguiente reto, derribar otro de los grandes mitos que durante siglos ha permanecido aferrado a la mente de los crédulos y depositar los fragmentos resultantes, en la papelera más próxima. Como sabrá, la puntualidad en Anglosajonia es la envidia de todo reloj suizo, por ello acudirá al hotel en el cual se celebrará el siguiente evento del que va a usted a formar parte, quiera o no quiera, (la sangre turística le empuja hacia el abismo insondable de lo desconocido de forma totalmente inexorable) con adelanto, no vaya a ser que con tanta puntualidad acabe usted por no encontrar sitio. Si la entrada que ha tenido a bien adquirir con antelación indica que el evento comienza a las 10,30pm usted acudirá media hora antes como mínimo para comprobar con absoluta estupefacción que ha sido usted el único ser puntual en 500 kilómetros a la redonda. ¡Siéntase pues, como un idiota! ¡Tiene derecho a hacerlo, se lo ha ganado! De hecho, podrá vivir con todo lujo de detalle todos y cada uno de los prolegómenos del acto en cuestió, cómo montan el escenario mientras usted permanece a la espera, deleitarse con la parsimonia con la que organizan el salón del hotel en el que se van a perpetrar las actuaciones que le dejarán marcado de por vida, si lo hubiera usted sabido, se habría dedicado a otros menesteres tales como roncar a pata suelta mientras sus secreciones nasales corretean sin control por la funda de la almohada, por poner un ejemplo. CONSEJO EXTREMO: ¡Acuda días, qué digo días, meses, antes del evento, pernocte delante del lugar en tienda de campaña, sea el primero en acceder al mismo tras largas horas de gratificante espera! ¡Maravíllese de la tan afamada puntualidad Anglosajona! ¡Siéntase como en su propia casa! Verifique usted por sí mismo cada mito y cada leyenda que se cruce en su camino mientras nosotras, turistas experimentadas nos reímos de sus andanzas arrellanadas en nuestro sofá rompe-espaldas al calor del hogar!

Cuando pueda usted por fin acceder al recinto, tras una larga hora jalonada por la espera, comprobará que mesas y sillas reposan sobre la ya tan típica moqueta con solera, que recubre con orgullo los suelos de Anglosajonia entera. Aponsente sus nalgas en cualquier lugar, no importa si quiere usted tener intimidad, al fin y al cabo este tipo de eventos son trampas mortales diseñadas para tener que entablar conversación con el vecino le guste o no. Tranquilo, la macizorra de turno inexplicablemente nunca estará sentada a su lado. ¡Y no se preocupe jamás por el idioma! En Escocia nadie habla inglés, se lo aseguro. Y si finalmente se ve obligado usted a hablar con alguno de los Glaswanos o Glaswenses, grítele alto y claro en su idioma materno lo que quiera decirle, estará tan borracho que no le entenderá de todas formas ¡Para qué esforzarse! En lugares como estos es donde suelen nacer las leyendas que los bardos cantarán “in eternum” a través del paso de los siglos.

NO MORE BANJO, PLEASEEEEEEEEE!!!

Procure que los lugareños no le vean el rostro cuando un señor de pelo canoso que podría ser el venerable abuelo, del venerable abuelo, del venerable abuelo de su venerable abuelo, se presente ante un público entregado al levantamiento de vaso preferiblemente lleno de cerveza o cualquier líquido que contenga alcohol no importa su graduación o procedencia, banjo en mano, dispuesto a interpetrar lo que será la banda sonora de sus pesadillas durante los próximos cien años, sino quiere usted que le muestren lo amigables que pueden ser las suelas de las botas escocesas con sus partes traseras. Entre tocata de banjo en “do” menor, (segunda estrofa igual que la primera) y la auto-inmolación voluntaria de sus neuronas, podrá digamos disfrutar de auténtica y genuína música Celta “made in Scotland” en una calidad “Dolby Surround” superenvolvente que raya la perfección y maldecirá a aquel que aún no ha inventado el mando a distancia para poder poner en modo “mute” todo aquello que sus pabellones auditívos desean no escuchar, léase el maldito BANJO en este caso. ¡Lo que es escuchado no podrá ser des-escuchado jamás! (Sabio proverbio cabrón de procedencia desconocida) Deléitese pues, con los mejores ejemplares del lugar de enormes torsos, fornidos cuerpos, bellos rostros en un intento de evadirse del incesante soniquete proveniente del enérgico aporreo del banjo. Si en ese momento no hay ningún macizorro disponible, cosa extraña en la bienamada Escocia, siempre podrá usted caer bajo el influjo del alcohol e imaginarse a alguno tal como su madre lo trajo al mundo, todo por la causa. NO MORE BANJO, PLEASEEEEEEEEE!

Tras aguantar estoicamente más de tres agonizantes horas de puro sonido de banjo, amenizadas con bailes estilo cobra y mariposa (tan acordes con la música en cuestión) por parte de los asistentes, estará usted más que preparado para acabar con la raza humana. No olvide pues comprarse un banjo y deleitar a sus congéneres con su agradable y característico sonido. CONSEJO EXTREMO: ¡Cómprese un banjo! ¡Si no puede acabar son sus enemigos, únase a ellos! ¡Tome clases avanzadas y aprenda cómo usarlo! ¡Obsequie a sus amigos y familiares con horas y horas de diversión de lo más extrema! ¡Muéstreles pues todo lo que ha usted aprendido en su estancia en el mundo bárbaro! ¡Hágales la vida de lo más amena a sus vecinos aporreando para ellos canciones de amor a horas intempestívas! ¡Banjo aquí, banjo allá, suicídate, suicídate! ¡La humanidad entera se lo agradecerá muy efusívamente! ¡Garantizado!

No es pues de extrañar que después de el susodicho festival la amenaza más extendida por la región fuera la que sigue; ¡Mira chaval, qué te toco el BANJO! Semejante prueba de fortaleza espiritual se merece un premio, la dulce calidez del sueño en los brazos de Morfeo, muy, muy, muy lejos del sonido de cualquier banjo, por favor.



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