lunes, 26 de enero de 2009

¡¡¡¡YA SOMOS TURISTAS!!!

Hemos de confesarlo aunque no queramos. ¡¡¡Ya somos turistas de forma oficial!!! Ha pasado lo inevitable, ya no hay vuelta atrás, cuando uno ha hecho por vez primera su maleta de mano para viajar a ese gran, gran, país llamado "El Extranjero", ya no hay remedio. La sensación de viajar allende los mares en avión por prácticamente el mismo precio que viajar 12 horas hacinado en un tren de la época de la abuela de Pinocho hasta Barcelona, no tiene precio.

Nuestro primer viaje "oficial" al extranjero (damos por sentado que alguna vez en su vida, todos y cada uno de ustedes ha peregrinado a Portugal en busca de suntuosas toallas y ropa de cama, pero eso no cuenta, ya sabemos que Portugal es parte de España de una forma u otra aunque no quieran reconocerlo) tuvo como destino London, en el Reino Unido y allí nos dirigímos con toda la ilusión del mundo. Adquirimos el billete vía internet en la página de Ryanair (www.ryanair.com) por 90 euros, una ganga teniendo en cuenta que era para el puente de Mayo, que no lo pillamos con mucha antelación y que el tren a Barcelona que tarda 12 puñeteras, malditas e infernales horas (para los sádicos www.renfe.es) nos había costado el año anterior más de 80 eurazos y tarda lo mismo que un trayecto de ida desde Madrid a Tokyo vía Helsinki. ¡Verídico! El tema de las aerolíneas "Low Cost" es que puede usted viajar de manera muy económica pero solamente le dejarán llevar 10 kg de equipaje de mano, si hace usted el "check-in" (o si factura si es que es usted muy purista) el precio empieza a elevarse , ya que le cobran 10 euros por trayecto (en algunos destinos incluso más) que nosotras, en nuestro modo más miserable, roñoso y extremo, no estábamos dispuestas a gastarnos, por lo que tuvímos que echarle imaginación al asunto para poder ir con la maleta llena y traerla aún más llena, o por lo menos llena de cosas diferentes a las que habíamos llevado. Metimos en nuestro equipaje la ropa más vieja y zarrapastrosa que teníamos en nuestro haber, sí, de esa que le da a usted vergüenza ponerse por los agujeros y la ausencia de color, pero que le da pena tirar porque aún se puede aprovechar un poco más, lo cual tiene sus ventajas. Si pierde usted la maleta de mano, se la roban, queman, calcinan o destruyen (entre otras de las muchas cosas que se le pueden hacer a una maleta, sobretodo en London si se descuida usted y la deja sola) no habrá perdido gran cosa. Además llevará usted una pinta tan tirada que nadie se atreverá a robarle porque quizás acabe robándoles usted a ellos lo poco que puedan tener. Solamente llevamos una toalla para el cuerpo, por aquello de que en tres o cuatro días no es realmente imprescindible que se lave uno el pelo, bien puede usted evitarlo y despiojarse a gusto cuando esté de vuelta en su casa. Si es imprescindible siempre podrá utilizar una de las toallas de la pensión/hotel para secarse el pelo, y así evitará el peso extra ( y el deshacerse de otra de esas fantásticas pero mugrientas toallas que tan bien secan pero que tan mal rollo dan). En vez de toallas de mano, llevamos papel de cocina, ya que pesa poco, es de usar y tirar y es muy útil si: A- se le acaba el papel del baño, B- se le acaban los pañuelos, C- si se le cae al go al suelo y ha de recogerlo (o si su toalla zarrapastrosa se precipita hacia el mugriento suelo y no quiere utilizar las magníficas toallas que la pensión/hotel pone a su entera disposición). Y lo justo en ropa del averno para pasar los casi cuatro días que estaríamos fuera. Le recomendamos que no lleve secador de pelo, porque pesa, porque no se va usted a lavar el pelo y porque si es tan friki de lavárselo, siempre puede pedir/alquilar uno en el alojamiento (suele haber, puede verificarlo antes de que sea irremediable.) Menos peso para su maleta y más espacio para llevar cosas nuevas de vuelta.

Aún estaba vigente la prioridad de embarque con el "Check and Go" de Ryanair (lo modificaron a partir de Junio de 2008 según hemos verificado en nuestra última incursión al extranjero), lo cual era fantástico porque entrábamos por orden y en caso de overbooking teníamos el asiento asegurado. Para salir desde Valladolid (ww.aena.es buscar Aeropuerto de Villanubla/Valladolid) no hay mucha complicación ya que es un aeropuerto pequeño, aunque acceder al mismo en autobús con la mala combinación que existe es toda una odisea. Se presupone que Auto-res (www.avanzabus.com) tiene autobuses cada ciertas horas, que en algunas ocasiones hasta coinciden con los vuelos. Por su parte Alsa (www.alsa.es) por fin ha creado un servicio que le deja a usted en la misma puerta del aeropuerto. Pero como antes no existía, tuvímos que ir en coche. El parking es un hachazo mortal, 42 euros por 4 días, pero siempre es mejor que el no tener autobús disponible hasta 6 horas después, si es que hay alguno, o tener que bajar desde el Aeropuerto hasta el centro de Valladolid y después coger otro autobús a su ciudad de origen, León en este caso. Sobretodo cuando uno llega a las 11 de la mañana a Valladolid y entra a trabajar a las 3 de la tarde (en León) sin haber dormido una mierda.

Partimos pues hacia lo desconocido, con nuestra London Pass de 3 días (www.londonpass.com Travelcard para tres días incluída) los billetes del autobús desde Stansted al centro i/v adquiridos de antemano (www.terravision.eu no es un servicio maravilloso pero si va usted a Victoria le deja en la Estación de Autobúses y hay servicio las 24 horas del día, también tienen servicio a Liverpool Street) las reservas de hotel (www.hostelworld.com) y nuestro fantástico y genuíno mapa de London, by Xeniadono, con la planificación de todo aquello que queríamos ver para amortizar la London Pass y la Travel Card. CONSEJO EXTREMO: "Pase usted de London Pass, Travel Card y demás milongas, vaya andando y visite las atracciones gratuítas que la ciudad le ofrece (haberlas, haylas) no gaste un duro, ahorre usted y se sentirá realmente gratificado. Habrá estado en Londres, habrá usted hecho turismo, habrá usted tenido la oportunidad de vivir experiencias nuevas (como el que le atraquen en un callejón oscuro, por ejemplo) y se habrá divertido sin gastar un céntimo. ¿No le parece esto algo muy extremo?"

Una vez aposentadas en el avión, que para ser de "Low Cost" he de decir que tienen más espacio para las piernas que los aviones de mayor tamaño que le llevan muchísimo más lejos y que le cuestan muchísimo más caros. No espere un gran servicio por parte de la tripulación de cabina, ni grandes florituras, pero por lo que paga tampoco pida medallas. Las azafatas le ayudarán muy amablemente si lo necesita, exceptuando el caso puntual de un italiano la mar de gilipollas que nos tocó en el viaje de vuelta (todos sabemos que en todas partes hay un italiano gilipollas). Era mi primera vez en avión, cuando fuí a Lisboa lo hice en coche, (12 horas de culo plano lo atestiguarán) y me encantó la sensación de volar. Casi aplaudo cuando aterrizamos. Una de nuestras viajeras extremas tiene pánico a las alturas, por lo que lo pasó realmente mal durante el vuelo, pero las azafatas le trajeron bolsas para el mareo, hielo... el viaje fue bastante bien dentro de lo que cabe, si obviamos las turbulencias y que el piloto era un auténtico zoquete. Los viajes extremos son así, si no, no podrían denominarse extremos. CONSEJO EXTREMO: "siéntese usted en los laterales que coinciden con las alas del aparato, especialmente si hace mal día, notará como su estómago se retuerce y pugna por no dejar salir el desayuno. Una sensación de lo más extrema."

DÍA X

Tras nuestra llegada triunfal al aeropuerto de Stansted (¡Bendigamos los aeropuertos pequeños!) nos pusímos a la grandísima cola de españoles que tenían el mismo destino que nosotras, cansadas y muertas de hambre, ya que no habíamos llevado comida. Sin embargo, nuestros compatriotas se ponían las botas con castizos y genuínos bocatas de chorizo. Por nuestra parte hicímos lo propio al llegar a un país desconocido, probar la comida de la región. ¿Qué almuerzo es típico en el Reino Unido? ¡El sandwich! ¡La comida por excelencia del mundo anglosajón! No es que no nos gusten los sandwiches, no, es que tras varios días de comerlos sin cesar empieza uno a detestarlos ligeramente. Y son bastante caros, sobretodo de aquella que la libra se cotizaba a la alza. Tras más de una hora de espera para poder montar en el autobús llegó por fin nuestro turno. El viaje dura unos 75 minutos y es fantástico viajar de día porque puede usted observar la campiña inglesa en todo su esplendor. NOTA- "Como ya hemos dicho con anterioridad en todas partes hay un italiano gilipollas, en esta ocasión había más de uno, para que tuviéramos donde elegir."

Al llegar a la Victoria Coach Station, descubrímos cuán cerca estaba la calle de nuestro hotel y lo conveniente que era el tener el autobús de vuelta en el mismo lugar. Nos alojamos en el Rosedene Hotel, en Ebury Street. Tuvímos que ir a Collin House, en la misma calle, ya que allí estaba la recepción. No sospechábamos lo que nos deparaba el destino, sino, lo habríamos asesinado y nos hubiéramos instalado de okupas en su magnífica mansión (¡Hagalo si tiene la ocasión! Es una actividad absolutamente extrema). Cuando llegamos a Rosedene Hotel lo primero que vímos fue una escalera estrecha, forrada con moqueta de un color indescriptible y sin luz. Uno de los baños, el que estaba más decente, se veía desde el descansillo. Al menos estaba iluminado. Nos tocó el último piso, y el baño era compartido, en Londres descubrimos porqué se denominan baños compartidos. ¡Tienen un inquilino dentro! (Léase, inquilino, bicho gordo y asqueroso totalmente repulsivo que se encontraba allí antes de tu visita y que seguirá allí hasta que decida autoimolarse o fenecer, que es lo mismo, si alguien no se digna a terminar con su vida antes, lo cual no fue nuestro caso.) Tuvímos que arrastrar nuestras maletas en la oscuridad del averno, a riesgo de darnos un piñazo, pero eso no era nada comparado con el asombro y la estupefacción que mostraron nuestros semblantes al descubrir la magnífica habitación que sería nuestro hogar durante las siguientes tres noches. Ni que decir tiene que allí también había un despliegue de moqueta indecente (en los alojamientos del mundo anglosajón hay siempre dos cosas presentes, mierda por doquier y moqueta indecente, no necesariamente por ese orden.) NOTA- "No se moleste en buscar papeleras, solamente existen en las zonas denominadas turísticas, por lo que si tiene que tirar algo le recomendamos que lo haga en el hotel o tendrá que caminar todo el santo día con la basurilla en el bolsillo de su pantalón." ¡Sensacional! La ventana no cerraba en condiciones, por lo que algo de fresquillo se colaba por entre las rendijas. El cuartucho era enano, con las camas casi incrustadas las unas en las otras, poco espacio para caminar y había un lavabo sobresaliendo de una de las pareces. ¡Qué bien, una kettle! - dijímos al unísono esperanzadas de poder tomarnos nuestro primer té calentito en Inglaterra, pero no. Al asomarnos por el borde de la kettle en cuestión descubrimos, no sin cierto estupor, que la resistencia estaba mugrienta y oxidada, hacerse un té en esas condiciones habría sido una tentatíva de suicidio voluntario. ¡Y lo peor estaba aún por llegar!

El baño, como se conoce en España, estaba separado en dos partes, la mini ducha (a lo que ellos llaman bathroom, sala de baño si lo prefiere en su idioma materno) un cubículo minimalista de escasas dimensiones en el cual habían introducido de forma acojonada un plato de ducha con mampara. Muy “apañao” como dirían en mi pueblo. Había que tener cuidado para no destrozarse los codos contra los azulejos de las paredes mientras uno intentaba lavarse más allá de la cintura. Y el wáter, Water Closed o Loo (Retrete en español) del cual se desprendía un olor nauseabundo. Un cuartucho, aún si cabe más pequeño que el anterior, sin ventilación, sucio y maloliente, falto de papel y de higiene (creemos que este vocablo es desconocido para los ingleses). Lo nunca visto en la era de los retretes japoneses con arandelas que se calientan (y le calientan a usted sus partes) tapaderas que se abren y cierran solas, que tienen un botón con música para que no se oiga el sonido de su orina al precipitarse al abismo del WC y que le lavan su humilde culo si lo desea. Tapaderas y arandelas de madera, rústico, muy rústico, si señor. Para exfoliarle a uno la zona de los glúteos, suponemos.

Tras tan agradable experiencia decidimos salir al exterior para recuperar el aliento, y aprovechar lo que nos quedaba de la tarde. Cuando saca usted una Travelcard de tres días y va cuatro, tiene que caminar, pero teniendo en cuenta que en nuestros múltiples viajes apen
as hemos utilizado el transporte público y nos va genial, hemos llegado a la conclusión de que la Travelcard está muy bien si va a recorrer largas distancias, si solamente va a visitar la zona centro, o lo que es lo mismo, las zonas 1 y 2, no merece la pena. A no ser que séan ustedes una panda de vagos redomados o que caigan chuzos de punta, no utilicen el maldito transporte público. Sus nalgas y sus piernas, saldrán ganando.

Lo primero que se encontrará usted, español de pura cepa cuando viaje al extranjero, será un restaurante español a la vuelta de a esquina, camarero español incluído. ¡Verídico! Sólo hay que salir del propio país para sentirse como en casa. Caminamos desde Victoria Street hasta Westminster Abbey, pasamos por Westminster Cathedral, Parliament Square, Tower Bridge llegando a orillas del Támesis (el agua de color chocolate dejaba claro lo limpio que estaba Londres y la poca polución que había.) (No sin antes darnos un homenaje en una cadena de comida japonesa llamada Wasabi (¡Japón proveerá! Aunque esta frase nació en un viaje posterior podemos aplicarla aquí con carácter retroactivo) que ofrece por una libra onigiri de varios sabores además de sushi, no especialmente interesante pero entre el sushi barriobajero y el sandwich, nuestra vena nipona nos hace escoger lo primero por muy malo que éste sea.) Allí descubrimos cafetería muy friki llamada Manga, pero estaba cerrada. Llegamos hasta el London Eye (en el cual no le recomendamos que monte por: A- ser extremadamente caro, y B- las vistas no prometen gran cosa, pero si le gusta la sensación de sentirse estafado ¡Adelante! Regale todo ese dinero que le sobra y siéntase plenamente satisfecho con el desperdicio) No había mucho que hacer a esas horas, por lo que entramos en la librería Foyles (http://www.foyles.co.uk/), la más famosa del Reino Unido para echar un ojo a los libros. Se portaron muy bien con nosotras ya que había un libro que estaba algo doblado y al preguntar si tenían otro (sistema patentado by Xeniadono) nos dijeron que era el último pero que nos hacían un 10% de descuento si nos lo llevábamos. Inténtelo usted cuando viaje a Londres o a cualquier parte del mundo, luego cuéntenoslo. En Escocia e Irlanda no ha surtido efecto pero al menos podemos sentirnos orgullosas de haberlo intentado. NOTA- "No olvide usted hacerse la foto de rigor en una mítica cabina de teléfono londinense o nadie se creerá que ha estado usted allí, un turista no es un turista hasta que ha regresado a su casa y puede turrar con las fotos de su viaje a familia y amigos"

Sobre las 10pm, hora intempestíva para los ingleses que al día siguiente debían madrugar para ir al trabajo, nos dirigimos a uno de los muchos supermercados que abren hasta las 12 de la noche, con intención de comprar la cena y el posible desayuno. El ir de viaje en modo extremo implica ahorrar lo indecible en todo tipo de cosas innecesarias como buenos chuletones con patatas fritas regados con fabulosos vinos (a no ser que sea usted capaz de comerse un chuletón crudo, lo acompañe de patatas de bolsa de marca desconocida y riegue todo ello con un buen lingotazo de vino de cartón de nombre impronunciable. Por favor si logra sobrevivir a tan gran hazaña, comuníquenoslo) En su lugar usted deberá intentar comer lo más sanamente posible sin gastarse una fortuna, cosa complicada cuando cada libra cuesta 1,50€. No tuvímos mas remedio que repetir nuestra experiencia con la comida autóctona (en adelante sandwich) pero al menos encontramos un delicioso batido de chocolate, moras, fresas y frambuesas maravillosas y delicatessen varias para nuestro desayuno. Los vasos de plástico de usar y tirar no deben faltar entre su set de menaje portátil.



La hora más temida había llegado, debíamos acostarnos, aunque nos daba miedo enfrentarnos a uno de nuestros mayores temores, la ausencia de higiene en la ropa de cama. Nos producía horror el tener que levantar las cochambrosas colchas que encubrían algo aún peor, unas sábanas indecentes que ya habían sido utilizadas, lo cual no hubiera supuesto ningún problema si hubieran sido lavadas antes de reutilizarlas. Manchas sospechosas aparecían por doquier y los pelos de nuestra nuca se erizaban sólo de pensar en las posibles causas de la mugre acumulada en nuestras camas. Ni que decir tiene que nos forramos de ropa del averno de los pies a la cabeza (de forma literal) para que ninguna parte de nuestro cuerpo tuviera que exponerse a semejante insalubridad. Por mi parte he de decir que ni siquiera fui capaz de introducirme entre las sábanas, asi que dormí encima de la colcha. CONSEJO EXTREMO: "si quiere usted experimentar un gran sarpullido, picaduras varias e infecciones, duerma sin pijama, o mejor aún quíteselo todo y deje que cada parte de su cuerpo, cada palmo de su piel se mantenga en contacto con la mugre de su ropa de cama. Y no olvide caminar descalzo sobre la moqueta indecente. Vivirá una experiencia de lo más extrema. Luego relátenos su experiencia, o pídale a sus hongos que nos la relate por usted, por favor."

Día X+1

Madrugar en un país que no es el suyo puede ser desolador, sobretodo si ha tenido una experiencia religiosa como la nuestra (pagar 20 libras por noche de alojamiento en una cuadra londinense como aquella, puede resultar una experiencia de lo más extrema), pero merece la pena si quiere usted aprovechar el día y ver lo máximo posible en el mínimo período de tiempo. Le recomendaríamos no planificar su viaje, pero como eso es experiencia adquirida en incursiones posteriores al gran país de "El Extranjero", deberá usted planificar su viaje al milímetro hasta que nosotras, viajeras experimentadas, le digamos lo contrario. Desayune todo lo bien que pueda antes de emprender su larga trayectoria hacia lo desconocido, le hará falta.

Tras nuestro desayuno, a base de batido de chocolate, moras, fresas, frambuesas y unos bollos de aspecto delicioso pero terriblemente malos (¡Fíjese bien antes de comprar algo que necesite ser tostado/calentado!) nos dirigimos, siempre caminando y con nuestra ropa más raída hacia nuestro primer lugar de peregrinaje. The Apsley House (http://www.english-heritage.org.uk/server.php?show=nav.12679), casa del Duque de Wellington, cercana a Hyde Park. Un lugar precioso digno de ser visitado por todo turista que se precie, debido a su estilo único como mansión urbana de Londres. Preste usted especial interés a la estatua de Napoleón desnudo, de casi 4 metros de altura y pregúntese el motivo de porqué el Duque de Wellington tenía algo de este tipo en su domicilio. Seguro que está pensando lo mismo que nosotras. Aunque las fotos están prohibidas, con un teléfono móvil con cámara semi-decente, puede usted sacar unas fotos mas que aceptables del interior de algunas habitaciones la mar de interesantes.

Tras la visita a la Apsley House, diríjase al Wellington Arch (http://www.english-heritage.org.uk/server/show/nav.12848), justo en frente . Es un monumento realmente precioso, aunque muchas de las cosas que exhibe son anodinas. De todas formas, las vistas desde arriba son muy interesantes (sobretodo si usted quiere admirar en pleno apogeo lo colapsadas que están las calles de Londres por los autobuses urbanos) Le saldrá una foto maravillosa repleta de vehículos rojos de gran tamaño que con paciencia, siempre podrá usted retocar con el Photoshop. A ciertas horas pasa un grupo de hombres a caballo disfrazados de carnaval, que usted se perderá si está dentro del arco admirando las insulsas obras.

Seguimos caminando por Hyde Park, en cuya puerta de hierro forjado se encuentran el León y el Unicornio más horribles que usted haya visto jamás, hacia el Victoria and Albert Museum, no sin antes caer en la tentación de todo buen turista, comprar recuerdos para familiares y amigos. Le recomendamos especialmente los estuches en forma de autobús o cabina londinense, que encontrará usted en los puestos de los vendedores callejeros, ya que aparte de económicos , son muy aparentes y sobretodo “a typical english souvenir”. Por el camino usted se encontrará con los míticos y suntuosos almacenes Harrod´s y por supuesto su deber es entrar a merodear, para salir huyendo acto seguido tras comprobar que un mísero prendedor de pelo bastante hortero (que todo hay que decirlo) cuesta más de 300 libras esterlinas de las de antaño. No olvide sacarse fotos en el interior del recinto para luego darle envidia a sus amigos y vecinos diciéndoles que ha estado en Egipto, ellos ni notarán la diferencia. Buscamos algo típico de comer e increíblemente encontramos algo distinto al sandwich llamado Jack Potatoes. Si bien la experiencia con la comida autóctona no será nunca maravillosa, deje que sea su paladar el que decida si quiere seguir degustando magníficos sandwiches londinenses o patatas informes con un montón de comida entremezclada que jamás debería haber existido. Eso sí, la sorpresa estará más que asegurada obsequiándole el plato en cuestión, con un sabor sin igual. ¡Y usted que creía haberlo visto todo! Tras una experiencia gastronómica aceptable para ser Londres, nos adentramos por fin en el Victoria and Albert Museum (http://www.vam.ac.uk/), lugar al cual debe dirigirse armado de mucha paciencia y tiempo para regalar, ya que aparte de ser enormemente grande, hay un millón de cosas interesantes que fotografiar, porque usted no ha ido a admirar la belleza de las nobles y antiguas piezas en cuestión, no. Como todo turista que se precie ha de fotografiar todo aquello que se cruce en su camino, a riesgo de quemar la cámara de fotos, derretir las pilas y destrozarse los tendones de los brazos. ¿Cómo iba usted sino a obsequiar a sus congéneres con horas y horas de fantásticas sesiones viajeriles? Cuando la retina de su ojo empiece a humear ligeramente usted sabrá que es hora de efectuar un descanso, o de salir huyendo. Siempre puede elegir.

Tras el empacho monumental de antigüedades, no olvide llevar antiácidos, nos preparamos experiementar una nueva sensación: decidimos utilizar el metro (underground, en versión original sin subtítulos) para no llegar tarde a la cita con nuestra amiga japonesa Mioko. Siga nuestro consejo y tenga amigos en cualquier parte del mundo. Ellos le servirán de guía de forma totalmente gratuita y desinteresada. Ni se imagina lo que ahorrará en mapas, guías de viaje y autobuses turísticos. Lo que se haya usted ahorrado aprovechándose de amigos y conocidos, puede invertirlo en realizar otro viaje extremo. Mioko nos llevó a cenar a un famoso restaurante japonés, del cual no logramos recordar el nombre (seguiremos investigando), situado en el barrio más chic y gay de Londres, el Soho (http://en.wikipedia.org/wiki/Soho.) Como usted ya habrá adivinado por poco inteligente que pueda llegar a ser, Japón proveerá. La comida japonesa nunca decepciona y siempre está disponible para que su paladar no se vea enfrentado a la dura tarea de experimentar con la agresiva gastronomía autóctona. Todo estaba buenísimo, incluso pudimos pedir Takoyaki, cosa inusual en los restaurantes japoneses en España (créanos, sabemos de lo que hablamos) que dentro de lo que caben eran bastante decentes. En total pagamos unas 20 libras por persona que de aquella serían 30 euros al cambio, lo que nos pareció más que razonable para ser el Soho. Pruebe usted a visitar alguno de los restaurantes japoneses de calidad intermedia que existen en Madrid y sabrá perfectamente de lo que le hablamos. No puede usted irse del Soho sin antes visitar uno de los muchos pubs que existen repletos de cervezas inglesas que degustar. Pero tenga cuidado y elija usted con acierto, pues algunas cervezas rubias tienen un acento un tanto marcado, yo lo describiría como un sabor a pis de gato. Se preguntará que ¿Cómo lo sé? Mejor no pregunte, la respuesta quizás no sea de su agrado. ¡Beba y gástese los cuartos en birra anglosajona! Luego no diga que no se lo hemos advertido. ¡Emborráchese y quíteselo todo! ¡Deje que le roben el pasaporte! Pasar la noche en la comisaría de policía londinense y el resto de sus vacaciones rellenando cantidades ingentes de papeles en la Embajada de España, ha de ser una experiencia de lo más extrema. ¡Ilústrenos con su sapiencia por favor! No ovide que a las 10,45pm una campana le advertirá que es hora de pedir la última ronda y que debe largarse a casa.

Tomarse un té tras una deliciosa cena puede ser una tarea ardua aunque no se lo crea, los ingleses sólo beben té antes de las 5pm tras el toque de queda solamente beben cerveza, por lo que tendrá que recorrer diversos locales hasta que pueda dar con algún lugar aceptable en el cual: A- no le cobren por sentarse en la mesa (10 libras de consumición mínima nos parece un tanto abusivo) B- no haya interminables colas y C- le sirvan solamente algo de beber y no le obliguen a comer. Le recomendamos Giraffe (http://www.giraffe.net/) no porque sea el mejor del lugar sino más bien porque fue el mejor lugar que encontramos a orillas del “cristalino” río Támesis. Y sí, las comillas de cristalino pretenden ser irónicas. Cuando uno se divierte olvida por un instante la insalubridad de su alojamiento, pero al regresar se da cuenta que no ha sido sueño y la visión de unas sábanas infectas le hacen a uno recobrar el sentido de la realidad de forma brutal.

Un ladrillazo en la nuca habría sido de lo más suave comparado con la sensación de furia asesina que tuvímos al encontrarnos la puerta de nuestra habitación abierta de par en par, con las maletas en su interior intactas, aunque podían no haberlo estado. Supuestamente habrían entrado a limpiar la habitación, y decimos supuestamente ya que solamente habían estirado la ropa de cama. Nada más. Considérese bendecido si nadie entra a limpiar/hurgar/revolver en su habitación durante su estancia, aunque la mierda le roce la rodilla al pasar. Sus pertenencias y enseres personales se lo agradecerán. CONSEJO EXTREMO: "solicite que limpien su habitación cada día para encontrarse la puerta abierta y la habitación sin limpiar. ¡Hágase robar las maletas y haga uso de su seguro de viajes, si lo tiene! Viva una experiencia de lo más extrema."

EN LA INTERSECCIÓN DEL DÍA X+1 Y X+2

Intente conciliar el sueño en un lugar lóbrego, húmedo y oscuro con brisilla nocturna cuando a un lado de su cama se encuentra una puerta que usted no sabe dónde desemboca. Su imaginación se desboca y debe verificar usted mismo que la puerta es una puerta nada más y ningún ser extraño entrará por allí mientras descansa. Una vez hecho esto y cuando sus amigas estén dormidas o a punto de dormirse visualice un wáter forrado de moqueta por dentro y por fuera de la mismísima taza y comience a reírse a carcajada limpia. Sus amigas compartirán su juerga nocturna demasiado cansadas para arrastrarse desde sus lechos y acabar con su vida de forma cruel y despreciable. ¿Wáter forrado de moqueta? ¿Hábrase visto ocurrencia más ilógica? Japón proveerá...

DÍA XX

Siguiendo la pauta de dormir poco, madrugar mucho y desayunar mal, se encontrará como una rosa para emprender un nuevo día de visitas y correteos varios. No intente levantarse muy temprano, la puntualidad británica es un mito, verificado por las viajeras más extremas del universo. No se estrese, no merece la pena. Disfrute de su improvisado desayuno y salga dos horas más tarde de lo previsto inicialmente. Se dará mas prisa en llegar al resto de lugares que quiere/debe visitar para amortizar su London Pass.

En nuestro segundo día nos dirigimos en primer lugar a la Jewel Tower (http://www.english-heritage.org.uk/server.php?show=nav.12757) situada muy cerca de Parliament Square. En ella encontrará algunos modelos de ropa antigua, utensilios de medicina y farmacia y paneles explicativos sobre la importancia del lugar en otros tiempos. Visite el museo dedicado a la primera enfermera europea Florence Nightingale (http://www.english-heritage.org.uk/server.php?show=nav.12757), un lugar pequeño pero realmente interesante que relata la vida de la pionera de la enfermería en nuestro continente. Visite también el Tate Britain (http://www.tate.org.uk/britain/) lugar recomendado si es usted amante de los pintores clásicos y quiere usted manosear por sí mismo las obras de sus pintores favoritos. Cómprese una chapa de las que venden en la tienda del Tate y mírese a un espejo, comprobará que pone TETA. En nuestro intento por amortizar la London Pass en tiempo récord, nos dirigimos a uno de los palacios reales más espectaculares de la ciudad, The Banqueting House (http://www.hrp.org.uk/BanquetingHouse/) el cual no pudimos visitar muy a nuestro pesar por haber una recepción política ese día. NOTA- "No olvide llamar para verificar si está abierta el público en caso contrario se dará un paseo en vano, aunque sus glúteos se lo agradecerán." Con frustación incipiente decidimos comer y ya de paso degustar alguna de las guarradas varias que tiene Londres para ofrecer, como una especie de chocolate azucarado caliente con un montón de nubes de colores por encima. No more sugar, please!! Su dentista se frotará las manos enérgicamente esperando con impaciecia su regreso. Nos decidimos pues a probar suerte y visitar el Shakespeare´s Globe Theatre (http://www.shakespeares-globe.org/) pero las confabulaciones contra nuestra amortización del London Pass eran muchas y estaban camufladas de muy diversas formas. Tampoco pudimos darle uso a nuestro magnífico pase por haber una respresentación ese mismo día y estar vetado el acceso al público general. Otro chasco, otra losa en el camino. ¿Qué más podía suceder? Cerca de la zona se encontraba el Museo Bramah del té y el café (http://www.teaandcoffeemuseum.co.uk/) y como buenas amantes del té que somos nos decidimos a visitarlo. Debemos decir que fue bastante dificultoso el encontrarlo pero dimos con él, para llevarnos el tercer y último fiasco de la jornada. Resulta que estaba en obras y el material de exposición se encontraba apilado en un cuartucho apenas iluminado. Los objetos desperdigados por la especie de estanterías disponibles sin orden ni concierto, llenos de polvo y avejentados por la falta de conservación. NOTA- "Visítelo solamente si es un fan acérrimo del té, del café, del polvo, del desorden y de sentirse estafado. ¡No se arrepentirá!"

Derrotadas y sin tiempo para visitar nada más aquel día, ya que en Londres a las 6pm la mayoría de lugares están cerrados al público, decidimos encaminar nuestros pasos hasta Picadilly y visitar la zona, ya que aún no habíamos visto gran cosa. Por casualidad dimos con otra joya de visita obligada en toda ruta turística londinense que se precie. La casa de Benjamin Franklin (http://www.benjaminfranklinhouse.org/site/sections/default.htm) en pleno corazón de la capital británica.

Visita guiada con escenificación realizada por una actriz, solamente disponible en inglés para que amortice usted su viaje y practique el idioma, aunque realmente interesante, lo mejor de tan aciago día sin duda alguna.

Merodear por la atestada zona de Picadilly es de lo más lucrativo y usted comprobará que nuestra cantinela mística, Japón proveerá, nunca le defraudará. Aparte del ya mítico Japan Centre (http://www.japancentre.com/) que es una especie de Daimaru japonés en miniatura, visitamos una tienda de comida japonesa bastante más modesta y minimalista. El lugar es tan pequeño que hay que caminar de lado para no llevarse por delante los alimentos amontonados en las estanterías y no dispone de página web. En Rice and Wice encontrará comida japonesa a precios no extremadamente abusívos, para ser London. Las onigiri frescas y los tés embotellados son de compra obligada para usted, puesto que es amante de la comida japonesa como nosotras. Y si no lo es, lo acabará siendo si sigue viajando por anglosajonia durante mucho tiempo. Su estómago se lo agradecerá. Justo al lado nos esperaba un bar japonés con platos combinados a precios reducidos. Entre usted y deguste una exquisita bañera de udon por unas pocas libras. Esto le ayudará a su estómago a afianzarse aún más en su posición en contra de la genuína y típica comida londinense.

Tras nuestra experiencia nipona en tierras europeas decidimos que ya era hora de retirarse para poder descansar y aprovechar nuestra última jornada en tierras londinenses, la visita a Notting Hill, Portobello Market y Camdem Town. No intente quedarse dormido antes de un par de horas si viaja en compañía de algunos amigos, a menos que los amordace y consiga que se duerman sin decirle una sola palabra.

DÍA XX+1 Y ÚLTIMO

Si ha conseguido amordazar a sus amigos habrá descansado, en caso contrario no habrá dormido porque no le habrán dejado, pero eso da igual porque deberá levantarse para intentar amortizar su London Pass. NOTA- "Ya se lo hemos dicho anteriormente, no compre jamás la London Pass, vaya por libre. Si le entran ganas de comprarla, mire hacia otro lado o flagélese fuertemente hasta olvidarlo." Tras nuestro sanísimo y equilibrado desayuno a base de frutillas, batido y bollos, para variar, pusimos rumbo a Notting Hill (http://es.wikipedia.org/wiki/Notting_Hill.) Si ha seguido usted nuestros consejos y ha preferido llegar más tarde de loque tenía previsto, alégrese, nada estará abierto aunque haya llegado tarde. Si por el contrario ha seguido al pie de la letra los horarios reseñados en su guía de viajes, rásguese las vestiduras por no haberse quedado durmiendo un poco más y dése de cabezazos, con delicadeza claro está, hacer ruido en la calle está penalizado con una altísima multa. Se encontrará con una pastelería maravillosa llena de gloriosas tartas y deliciosos pasteles, The Hummingbirg Bakery (http://www.hummingbirdbakery.com/flash.html.) El diablo reside entre sus paredes en forma de tarta, Red Velvet. Entre, mire y calcine sus papilas gustatívas con lo más pequeño que pueda encontrar, no diga que no le hemos advertido. Ya lo descubrirá por usted mismo si no sigue leyendo nuestras aventuras extremas. Un poco más adelante hay un bar con exquisiteces varias que usted no podrá degustar si ha caído en la tentación de probar alguna de las maravillosas delicatessen de The Hummingbird Bakery pero aún así le recomendamos que pase un rato agradable mientras se toma una taza de té, ya que el lugar dispone de dos plantas espaciosas. La planta baja, sin duda la mejor, es literalmente un salón con sus respectívos muebles, lleno de estanterías con libros que podrá usted hojear si tiene maña con el idioma. Como es usual en Londres el local no dispone de cuarto de baño por lo que si las ganas de miccionar le aprietan deberá utilizar la nave espacial o WC público situado en su exterior. Aunque no se lo crea el cubículo en cuestión es espacioso, está limpio, no es maloliente y dispone de percha para el bolso, jabón de manos y agua corriente. Todo un lujo teniendo en cuenta la ausencia de limpieza típica del lugar. Cuando haya usted acabado la puerta se cerrará tras usted y el la nave espacial se limpiará sola. CONSEJO EXTREMO: "Haga como que sale y quédese dentro para observar por usted mismo como se autolimpia el aparato en cuestión mientras recibe una refrescante ducha. Satisfaga nuestra curiosidad y cuéntenoslo luego con todo lujo de detalle. Practique usted el deporte extremo"

Con impuntualidad española finalmente se dignaron a abrir las tiendas y pudimos corretear a gusto de una a otra hasta toparnos con el ansiado y renombrado Portobello Market (http://www.portobelloroad.co.uk/.) O lo que solemos entender por Portobello Market. Un deslustrado mercadillo callejero con ropa de segunda mano bastante raída (nuestra ropa parecería recién estrenada en compracación con lo que allí se ofrecía) y más cara que la ropa nueva, libros avejentados y baratijas de tienda china. El rastro de cualquier ciudad española tiene más carisma que aquel mercadillo barriobajero. Recuerde pues que Portobello Road Market es el nombre que designa al grupo de tiendas situadas en dicho lugar y que el mercadillo es, simplemente eso, un triste mercadillo. Si puede usted malgastar el tiempo en otra cosa no se quede con pena por no haber visitado Portobello, al fin y al cabo no es gran cosa.

Por fin nos decidimos a vivir una experiencia nueva por lo que nos atrevímos a coger un típico autobús londinense para llegar hasta el Camdem Town (http://www.camdentown.co.uk/.) Craso error. Aunque la vista de la ciudad desde el segundo piso es de lo más interesante, este medio de transporte es más lento que una tortuga coja. No use el autobús bajo ningún concepto o perderá el día metido en el mismo. CONSEJO EXTREMO: "Si quiere saber lo que es que le estafen de verdad utilice el autobús turístico a la velocidad del rayo, nada más extremo que la sensación de haber pagado mucho por no haber visto nada." ¡Magnífico! El Camdem Town es uno de los lugares más emblemáticos de Londres y uno de los mejores para adquirir artículos extraños e interesantes a precios asequibles. NOTA- "No olvide dejar su bolso abierto con la cartera asomando para que se la sustraigan mientras pugna por salir del bullicio." El sábado es el mejor día para visitar el lugar en el cual podrá comprar desde unas orejeras rosas depeluche con conejitos hasta carísimos corsets de terciopelo hechos a mano. Todo tiene cabida en este centro comercial callejero. Como no podía ser de otra forma, Japón proveerá. Encontramos un puesto de deliciosas takoyaki (bolas de pulpo típicas de Japón) y no pudímos resistirnos a hincarles el diente. No son de lo mejor que hemos comido aunque son aceptables y económicas. A menos que quiera usted pasar una o varias noches en un hospital londinense por puro capricho, no querrá probar el Fish and Chips cuando vea como el pescado digamos “fresco”, por denominarlo de alguna forma, se hacina en los puestos bajo los rayos de sol, algo ultra-higiénico y altamente recomendado. Tras varias horas de patear el lugar tendrá ganas de huir para no regresar jamás por lo que le recomendamos que se tome tranquilamente una pinta en uno de los numerosos pubs que abundan por la zona, Welcome to World´s End es uno de ellos. No se sorprenda si al entrar se topa con la moqueta que alfombra el suelo del bar. En toda anglosajonia la moqueta es, tras la cerveza y el sandwich, el orgullo nacional. Demos gracias a que está prohibido fumar en cualquier local y que no sirven tapas con la bebida. Imagínese los huesos de aceituna y las alitas de pollo rodando por el mullido suelo junto a palillos y grasientas servilletas arrugadas. ¡Impagable!

Finalmente decidimos encaminarnos hacia el centro de la ciudad para rematar nuestro viaje con las últimas visitas que todo turista debe realizar, esta vez en metro. Primeramente nos dirigimos a The Tower of London (http://www.toweroflondontour.com/) y aunque nos recomendaron regresar otro día porque solamente disponíamos de cincuenta minutos mientras que la visita habitual suele ser de unas cuatro horas, según ellos, entramos y logramos verlo prácticamente todo en tiempo récord. No obstante le recomendamos que vaya con tiempo suficiente para poder deleitarse con cada recoveco del lugar sin sobrecargar la retina. Lo siguiente hubiera sido un crucero por las cristalinas aguas del Támesis sino hubiéramos llegado tarde al último viaje. No es algo que quisiéramos hacer especialmente, pero era algo caro y estaba incluído en el London Pass que debíamos amortizar. Cuando hubímos descansado probamos suerte con The Tower Brigde (http://www.towerbridge.org.uk/TowerBridge/English) al que curiosamente llegamos minutos antes de que cerrasen y pudimos realizar la visita. Le recomendamos que realice el tour completo una vez, pero no es un lugar al que querrá regresar dada la pesadez de los visuales explicando vida y obra del monumento en cuestión. Realmente infumable. La sala de calderas y la vista desde lo alto del puente es lo más interesante de todo. Descanse pues en un Starbuck´s (http://www.starbucks.com/) de su ajetreado día y pruebe las Real Patatas Bravas, para comprobar lleno de frenesí que los fabricantes deben tener el sentido del gusto y el olfato realmente atrofiado.

Llegados a este punto del viaje tendrá que obligarse a continuar si no quiere desperdiciar sus últimas horas en Londres, ya que sus doloridas piernas se negarán a seguir caminando. Haga un último esfuerzo, no sea vago. Paséese por Fleet Street, la calle que da nombre al Barbero de la película de Tim Burton, que tan bien interpreta ese gran dios de nuestro templete místico llamado Johnny Depp. No se atreva a llevarnos la contraria, usted es, quiera o no quiera fan de Johnny Depp como nosotras, no conocemos a nadie que no lo sea, o al menos no a nadie que aún habite en este mundo. Si ha visto la película quedará sumamente decepcionado pues la única semejanza con la calle de la misma es el nombre. Compruebe con estupefacción como las míticas cabinas rojas londinenses se tornan negras en esta zona de la ciudad. Disfrute de la visión del edificio del Banco Santander, que se encuentra ubicado en esta misma calle, deténgase ante los ventanales de la casa madre del té Twinnings (http://www.twinnings.com/home.php) y tíreles un ladrillo de nuestra parte, todo amante del té que se precie de serlo debería realizar este sano divertimento al menos una vez en su vida. No olvide correr como alma que lleva el diablo si no quiere disfrutar de una de las experiencias más extremas que haya vivido jamás.

Si ha seguido usted todas nuestras instrucciones y viaja usted de manera extrema, al día siguiente tendrá que madrugar para coger el vuelo de vuelta a su querido hogar, no olvide acostarse temprano. O al menos inténtelo, usted y yo sabemos que acabará acostándose tarde por culpa de sus compañeros de viaje. Estará deseoso de dejar atrás toda la mugre y suciedad con la que casi había hecho migas, para reconciliarse con la ausencia de limpieza que le espera en su hogar. Recuerde que debe dejar toda la basura posible dentro de la cuadra que abandona en venganza por todas las penalidades que ha debido padecer durante sus largos días de alojamiento.

Por fin, tras varios días de estancia en la capital inglesa, sin apenas dormir y derrotadas, pusimos rumbo a Stansted para coger el vuelo que nos llevaría de vuelta al hogar. No obstante, como debíamos trabajar unas horas después de haber regresado, solamente tuvímos tiempo de despiojarnos ydeleitarnos con una delicia culinaria propia de la región, ¡Un maldito sandwich! Con la sensación de necesitar unas vacaciones de las propias vacaciones, llegamos a la siguiente conclusión: a pesar de las penurias que puedan acontecer, merece la pena viajar por ese gran país llamado “El Extranjero” con la finalidad de aprender nuevas costumbres y comprobar que el ser humano tiene prácticamente el mismo comportamiento, da igual donde se viaje. Y recuerde; “El viajero siempre tiene historias que contar.”





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